lunes, 10 de diciembre de 2012

LA CHICA SIN NOMBRE.


 

¡Un tequila sin sal y limón!- a Alfredo le gustaba empezar fuerte; tras ese tequila seguirían al menos dos más, espolvoreados convenientemente con dos “tiritos” en los lavabos del Ateneo, a partir del tiroteo nasal Alfredo entablaba un larguísimo dialogo etílico con su mejor amigo “Jack Daniels”. El Ateneo era su garito predilecto; en él podías encontrarte la más heterogénea mezcla de personas, desde el profesor de facultad que acude a tomar unas cervezas tras las clases, hasta muchos alumnos que, casi siempre con acierto, veían más utilidad en unas copas que en las clases impartidas por personas dóciles y domesticadas por el pesebre conseguido en coyunturas políticas. Allí confluían también los más extraños y estrambóticos personajes del mundo de la noche; era el lugar perfecto para empezar la juerga y, en algunas ocasiones, también para terminarla cuando la noche se hermana con la madrugada.

-¿Me invitas a una copa, Alfredo?

Vaya, la noche no podía empezar mejor; tenía ante él, ¡en la primera copa!, una auténtica y extraña belleza, morena, con unos ojazos negros llenos de secretos.

-           ¿Me invitas a esa copa o tendré que buscar en otra parte? Fíjate y verás que me miran otros chicos y algunas chicas también.  ¡Tú decides!  

La verdad es que la chica merecía todas y cada una de las miradas; era increíblemente atractiva y sugerente, y… tenía algo más. Alfredo no sabía cómo explicarlo pero esa chica era algo distinto y no sólo por su forma de vestir, (parecía pertenecer a una de esas extrañas tribus urbanas Góticas) sino, sobre todo, por sus facciones juveniles, y sus ojos que escondían algo arcano como una fuerza devastadora que a través de su mirada trasmitía un misterio que solo algunos escogidos podían llegar a desvelar, si ella lo permitía.

- ¿Eres Gótica o algo así? Te atreves con un tequila o quieres algo más light.

- Un tequila está bien, para empezar, claro. ¿Dime, Alfredo, qué más te gusta, tequila aparte?

La cosa no paraba de mejorar, una chica directa.

-          Me gustan los coches, las motocicletas y las mujeres, los coches y motocicletas rápidos, y las mujeres rápidas y decididas, me gusta la velocidad en todo, la vida es corta.

-           A mí me gustan los hombres a los que les gustan los coches, las motocicletas, la velocidad y las mujeres rápidas y decididas, pero… ¿Has pensado alguna vez que la velocidad te lleva antes a cualquier sitio, incluso al final de la vida misma?

-          Oye, ¿vamos a beber o filosofar?

-          Se pueden hacer ambas cosas. Alfredo. ¿O te asustan las mujeres cultas? ¿O las conversaciones que lleven implícito algo más que… dónde lo hacemos, además de… qué bebemos hasta reventar?

¡Joder, una tía despampanante que se pone ella sola a tiro y tenía que salir filósofa!



-          ¿No me asusta nada y a ti?

-          A mí no me asusta nada; a veces creo que he vivido millones de vidas, sin haber vivido nunca, y a veces creo que sólo vivo para ver morir millones de vidas; este tipo de pensamientos hacen que el miedo sea solo una circunstancia más y más bien pasajera. ¿Ves a aquella chica que nos mira?

-          Pues no me importaría irme con ella si me resultase interesante; es más, no me importaría salir esta noche de aquí con cualquiera de todas aquellas personas que nos miran ahora mismo, pero hoy te he elegido a ti, Alfredo; de ti depende lo que ocurra a partir de ahora.

¡La madre que la parió! Lo había dicho bien clarito, vaya pava.

-           ¿Y qué tengo que hacer para llevarte a mi casa?; ¿oye, cómo te llamas?

-          Creo que hoy no te diré mi nombre, al menos no te lo diré aún, más tarde quizás te lo diga y quizás también pasen otras cosas… más tarde; para llevarme a tu casa empieza por no volver a preguntarme qué hace falta para llevarme a ella; yo decidiré si acabamos en tu casa, en otro sitio o no terminamos nada, al menos hoy.

Desde luego era la chica más extravagante y enigmática con la que Alfredo había ligado en estos dos años que llevaba pululando por el Ateneo; cuanto más convencido estaba de mandarla a paseo y emborracharse solo, más y más le costaba hacerlo, acostumbrado como estaba a las noches de sexo sin comprometerse a nada. Percibía en su interior la extraña certeza de que tarde o temprano acabaría encontrándola de nuevo, por mucho que hoy se le escapase de las manos. Tres chupitos cada uno más tarde, terminaron por coger una mesa apartada y una botella llena de tequila.

-          ¿Dime, qué crees que va a pasar esta noche, o… qué te gustaría que pasara?

A estas alturas Alfredo estaba desorientado, no sabía muy bien por dónde sorprender a esta chica sin nombre, y, lo que es peor, estaba seguro de que no importaba lo que dijese, ella se encargaría de dar la vuelta a su favor a cualquier cosa que se le ocurriese decir; pero había que intentar algo, aunque ese algo fuese sencillamente decir la verdad.

-          Sinceramente, al principio pensé que esto empezaría con un rápido revolcón en los lavabos, y quizás otro más tranquilo en mi casa; al principio claro, después pensé incluso en mandarte a paseo, ir directo a los lavabos y meterme otro tirito y media botella de Jack Daniels, chupito a chupito; es más, no tengo claro si me estás tomando el pelo para beber gratis, si solo buscas un chalado como tú para beber y hablar sin ofrecer nada, o si realmente quieres que lleguemos a algo más íntimo; lo que sí sé es que me importa una mierda, sólo quiero que sigas aquí conmigo, que no te vayas, aunque no me digas por qué. Estoy medio borracho a pesar de la coca, pero algo dentro de mí me dice que no estás aquí por casualidad, que me buscabas, y, aunque pareces estar jugando, de alguna manera sé que has venido sólo por mí esta noche.


-          Yo no soy de nadie, Alfredo, ni lo seré nunca; hoy estoy contigo, ayer estuve con otros, mañana o dentro de unas horas quizás sea con aquella chica que nos mira algo confusa; sí, seguramente mañana la elegiré a ella; si puedes aceptar esto, si eres capaz de entender que nada puedes hacer por cambiarlo, si estás dispuesto a aceptar lo que no puedes impedir, es el momento de pagar esta botella que nos hemos bebido. Toma dinero, esta noche te invita esta chalada que buscaba un chalado como tú para beber y charlar, yo te espero en la puerta, daremos un paseo y quien sabe… quizás ese paseo nos lleve a tu casa, o quizás a la mía. Esta noche algunos afortunados miraran con envidia cómo salimos de aquí juntos sin un destino concreto aún; quizás mañana o pasado algunos no se sientan igual paseando a mi lado.

-          Desde luego estas como una cabra, chica sin nombre; voy a pagar y salgo enseguida. ¡Marcos, cóbrame!

-           Vaya mierda llevas macho, vaya mierda, ten más cuidado con lo que te metes hombre, le dijo el camarero asustado.

-           ¿Vaya mierda? Ainsss, si la envidia fuera tiña… ¡Vaya hembra que me llevo macho!

-          Lo dicho tío, vaya mierda, anda y que te vaya bien, Don Juan ilusorio.

-          Hasta mañana envidioso.

-          Hasta luego Casanova.

-          Bueno chica sin nombre ¿dónde quieres ir?

-          Qué más da eso, el camino es lo menos importante, una vez se sabe donde terminará; tomamos la última en tu casa y ya veremos.

El camino hasta el apartamento de Alfredo transcurrió entre algunos silencios incómodos y unas pocas frases incoherentes que la chica aceptó como consecuencia de los excesos etílicos de Alfredo, pero al final estaban ante la puerta del apartamento y ella seguía allí.

-          ¡Qué quieres tomar chica sin nombre! Tengo tequila, vodka y a mi favorito: Jack Daniels.

-          Tequila está bien, Alfredo.

-          Bien, un tequila y un beso para empezar con buen pie.

-          No tengas tanta prisa, quizás ese beso que tanto esperas no te guste tanto después de todo; es mejor lo que se espera, lo que se imagina, que aquello que termina por suceder realmente, tranquilo.

-          ¡Qué es ese alboroto, joder Alfredo, ya estás otra vez igual! Intenta hacer algo menos de ruido, los vecinos se quejarán otra vez con razón, y algunos queremos ir mañana despejados a la facultad.

-          Jorge, quiero presentarte a la chica sin nombre, no sé si se quedará aquí esta noche, pero yo quiero que se quede. Este es mi compañero de piso y de estudios, mi aburrido y formal amigo Jorge.

-          ¡Vaya mierda llevas otra vez chico! Anda, intenta tranquilizarte y vete a dormirla, hasta mañana golferas.


-          -Ya ves, no te gustaría, es de un formal y aburrido que espanta.

-          Sí, desde luego es la clásica persona a la que no tengo intención de ver a corto plazo; tú eres más mi estilo de cita, Alfredo, sí, tú volverás a verme y la próxima vez vendrás a mi casa. Pero no será esta noche, esta noche no; sin embargo sí te daré ese beso que querías al entrar, un beso corto, para que me recuerdes, para que me esperes, para que sepas que muy pronto vendré a por ti y te llevaré conmigo a casa.

Fue un beso rápido, esquivo, casi una despedida que no termina de llegar, como un hasta pronto que surge tan rápido, como rápido desaparece; sin embargo Alfredo sintió en ese escaso segundo un aliento frío, que desde los labios invadía todo su ser, como si hubiese besado un tempano de hielo en lugar de aquella boca que tanto deseaba recorrer a mordiscos juguetones. De repente le invadió un tremendo sopor, le pesaban los párpados y el cansancio se apoderó de todo su ser; lo último que alcanzó a ver fue una puerta, la de su apartamento, cerrándose tras una negra sombra.

-          ¡Dios, qué dolor de cabeza, realmente la había cogido tremenda ayer noche!

-          Buenos días tarambana, ¿te duele la cabeza crápula?

-          No me fastidies, Jorge, bastante tengo, vaya mierda cogí; encima se me escapó esa chica tan rara.

-          ¿Qué chica, qué dices?

-          ¿Qué digo?, joder tío, la chica que te presenté ayer.

-          ¿Ayer?, cuando te encontré, estabas solo, medio tirado en el sofá, con una botella de tequila en las manos, farfullando de manera incongruente; imagino que puesto hasta las cejas de tequila, y a saber qué más. Me voy a la facultad, intenta espabilarte a ver si consigues llegar a alguna clase medianamente lucido.

-          ¿Solo, solo y tirado en el sofá?

 Jorge alucinaba, sí es cierto, la había cogido de concurso pero recordaba cada palabra, cada mirada, recordaba ese paseo hasta el piso y, sobre todo, aquel beso corto, pero ¡tan intenso y frío!, recordaba la promesa de la chica: “Tú volverás a verme y la próxima vez vendrás a mi casa”. Estaba seguro, ella volvería, volvería a verla. Pasó el día semidormido, tumbado en la cama; con las primeras luces artificiales de la noche, se levantó y se duchó, se vistió para salir, ya comería algo rápido en cualquier sitio.

-          ¡Un tequila sin sal y limón!

-          Marchando, golferas, no sé como tienes cuerpo después de la de ayer.

-          Ya ves, tío, machote que es uno, una pregunta Marcos ¿La nena aquella de anoche, ha venido por aquí?

-          ¿Qué nena?

-          ¡No me jodas tú también, Marcos! La pava que estuvo bebiendo conmigo anoche, la que se fue conmigo después, esa morenaza de ojazos negros que vestía de Gótica.


-          ¡Qué dices, colgado! Anoche empezaste como siempre, te bebiste un par de chupitos hablando entre dientes, después te fuiste al lavabo como siempre y al volver con las narices algo blancas, te fuiste solo a una mesa con una botella entera de José Cuervo, te la bebiste, pagaste y saliste por la puerta dando tumbos y hablando solo; si había alguien o no esperándote fuera, no lo sé, tío, pero de aquí saliste totalmente colgado y solo.  Por cierto, no veas la que se montó después; al poco rato de salir tú, una chica fue violada y asesinada en el callejón de detrás, una chica joven que estaba sentada cerca de ti; estuvo casi toda la noche la pobre y te miraba bastante, no sé cómo no te diste cuenta, la verdad. Si hubieses estado más fino se hubiese marchado contigo, a lo mejor, y quizás aún estaría viva. Dicen que estudiaba en tu misma facultad, era su primer año, creo, ya había estado alguna vez por aquí, una tía algo seria pero muy amable. En fin, no puede evitarse lo que está destinado a pasar; era su noche.

 

¿Sólo? No, estaba seguro, la recordaba perfectamente, recordaba cada palabra, cada minuto con ella. ¿Una chica que le miraba?

No, no se acordaba de ella, sólo recordaba a su chica sin nombre recordaba su promesa y su beso. Sí, volvería a verla, estaba seguro, ella se lo había prometido, la esperaría.  Lo recordaba perfectamente:

“Te daré ese beso que querías al entrar Alfredo, un beso corto, para que me recuerdes, para que me esperes, para que sepas que muy pronto vendré a por ti y te llevaré conmigo a casa”. Esas fueron sus palabras, estaba seguro del todo, a la mierda lo que dijesen los colgados de Marcos y Jorge; ella vendría, sólo tenía que esperarla. Pero primero un tirito para despabilarse.

-          ¡Dame otro tequila sin sal y limón!

sábado, 8 de diciembre de 2012

ENTRE LA NIEBLA.


Cuenta la leyenda que tras el bosque oscuro, arriba en el páramo, se alzaba una fortaleza sobre las viejas ruinas. Cuenta también la leyenda, que en aquella fortaleza vivió un ser malvado que disfrutaba torturando a los indefensos lugareños; mandaba sus mesnadas a saquear la aldea, ¡y pobres de aquellos que se atreviesen a oponerse a los crueles designios del señor!

Todos recordaban al viejo alguacil del lugar, y a su familia; el primer hombre que plantó cara a la crueldad del señor de la fortaleza. Sí, todos recordaban aquel sangriento día; las dos hijas y la mujer del alguacil fueron violadas repetidas veces, y degolladas después ante los ojos del maniatado y golpeado alguacil y su único hijo varón, inmediatamente después de la vejación y asesinato de las mujeres, desnudaron al hijo y lo empalaron ante los ojos del derrotado hombre, qué ya no pedía otra cosa que su propia muerte también. Pero no, no fue ese su destino; Le arrancaron los ojos y la lengua, le amputaron la mano derecha y se lo llevaron a la fortaleza como esclavo del señor. Todos recordaban, sí, lo recordaban perfectamente, pues tras la tortura y asesinato de aquella familia, dejaron los cuerpos a la entrada de la aldea como pasto de las alimañas y con la prohibición bajo pena de muerte, de dar sepultura a los despojos de aquellos infelices. Algunos aldeanos, aterrados por aquella crueldad extrema, agotados por una semivida en condiciones infrahumanas intentaron huir de la aldea, para ser perseguidos, y devueltos a la misma, donde eran castigados de una manera brutal ante todos los vecinos.

 Pasaron varios años, las condiciones de vida no habían mejorado en absoluto para aquellos desgraciados lugareños. De forma periódica bajaban las mesnadas, con o sin el señor al mando de las mismas; y saqueaban a placer, dejando a los infelices aldeanos, golpes, vejaciones y el alimento justo para sobrevivir, y pobre de aquella muchacha hermosa que tuviese la desgracia de dejarse ver; inmediatamente era maniatada y conducida a la fortaleza para, en el mejor de los casos retornar a la aldea varias semanas o meses después, convertida en un guiñapo, y muda de por vida, pues la crueldad de los moradores de aquella sangrienta fortaleza llegaba al punto de arrancarles la lengua para que nada pudiesen contar de lo sucedido entre aquellos muros de piedra y maldad.

Un día llegaron a la aldea dos jóvenes hermanos, para instalarse en ella como leñadores; eran fuertes, altos, de anchas espaldas y brazos y piernas que parecían tallados en piedra, tal era su constitución. Los chicos se apresuraron a construir una cabaña, pues faltaban pocos meses para la llegada del invierno, eran personas afables y pronto se ganaron el cariño y confianza de los lugareños. En las noches de aquel verano que tocaba a su fin, se reunían bajo un viejo y alto roble para charlar y compartir la escasa comida y bebida. Los hermanos habían llegado a este lugar apartado y olvidado por Dios, huyendo de una corta pero intensa vida como soldados. Buscaban una vida pacífica, y   un lugar tranquilo para asentarse y formar una familia.

Los aldeanos olvidaban sus preocupaciones escuchando los relatos de aquellos dos temerarios hermanos, y soñaban con viajar a tantos de aquellos rincones remotos, y ciudades que describían.

Tanto por la novedad de su presencia, como por las historias que traían con ellos; historias de luchas en las que habían participado, de viajes emprendidos, de lugares visitados, como por la apostura inherente de ambos hermanos; solo fue cuestión de tiempo que algunas mozas empezasen a lanzar lánguidas miradas a su paso, junto con algún suspiro. Y solo cuestión de tiempo también que uno de los dos hermanos, Rodrigo, cayese preso de una de esas miradas.

La joven en cuestión era hija del posadero que les hospedó, y alimentó mientras construían su cabaña. Jimena era una mujercita de dieciocho primaveras exultantes, de pelo y ojos castaños,

no demasiado alta, pero estilizada; su sonrisa era una brisa fresca, y sus miradas, certeras cómo saetas, hicieron blanco, primero en las miradas de Rodrigo, después en pleno corazón.

Aquellos días de finales de agosto, era algo habitual verles paseando, con las manos muy cerca, demasiado, aunque sin llegar a rozarse, al menos en público, ante la mirada y sonrisa comprensiva de la comunidad y la aceptación de los padres de la núbil doncellita. 

Otoño llegó con los preparativos de la ceremonia nupcial de Rodrigo Y Jimena, el mes de septiembre transcurrió plácido y lleno de buenos presagios, de sonrisas y celebraciones previas al gran día, y transcurrió también con la confianza de varios meses sin las visitas inoportunas de aquellas mesnadas que bajaban de cuando en cuando del bosque oscuro para atormentarles, una confianza qué les llevó al descuido.

Llegó por fin el día de la boda, con los albores de noviembre y las primeras nieves del año, un manto blanco cómo el sencillo vestido de Jimena, cubría las copas de los árboles, los tejados de las cabañas, y extendía sobre el suelo una alfombra nívea para los pies de los futuros esposos, que caminaban cogidos del brazo, camino de la pequeña ermita. Tras ellos, una alborozada aldea, al frente de la cual caminaban el hermano de Rodrigo, y los padres de Jimena; frente a la puerta esperaba el anciano fraile.

De repente un ruido atronador, unos aullidos salvajes apercibieron a los lugareños de la llegada de aquellas mesnadas. Para su desgracia entraron rodeando la aldea, ¡no había escape posible! Los asustados aldeanos se apiñaron, intentando ocultar a las mujeres de los codiciosos ojos de la brutal soldadesca mercenaria, pero todo fue en vano; cargaron como lobos salvajes contra el grupo, apartando unos a los hombres y dejando los otros a las mujeres, indefensas y expuestas a la vista de su lascivia, en el centro del circulo se encontraba Jimena, bella y esplendorosa ante la siniestra mirada del señor de las mesnadas, y el terror de aquellos lugares, qué se apresuró a entrar en el circulo y subirla de manera brutal a su negro corcel, cruzándola sobre la grupa de aquel caballo oscuro, cómo el destino de aquella infeliz.

El anciano fraile, el joven e impetuoso Rodrigo, su hermano y el padre de Jimena intentaron interponerse entre aquella desdichada y las pérfidas intenciones de su raptor, sujetando unos las riendas del animal, otros intentando bajar a Jimena de aquella grupa.

Entonces se desató el infierno, Rodrigo sintió un brutal y frío golpe en su mano, una mano que contempló incrédulo en el suelo, cercenada de su brazo, después un fuerte golpe en la cabeza, y todo se volvió negro.

Al despertar, lo primero que vio fue a su hermano, junto a él, con la mirada triste y ensangrentada. A su alrededor, en aquel frío suelo; los cadáveres del viejo posadero y su esposa, el cuerpo decapitado del fraile, y los de algunos vecinos más, la ermita agonizaba pasto de las llamas, también habían incendiado algunas cabañas. Se llevaron a Jimena y a otras tres doncellas más, la aldea ofrecía una imagen dantesca.

Cuenta la leyenda, que tras enterrar los cadáveres y recomponerse como mejor pudieron, aquellos jóvenes hermanos excitaron los ánimos de los supervivientes, conminándolos a luchar, y morir si fuese necesario, antes que seguir soportando aquellas brutalidades.

Cuenta también la leyenda, que los hermanos sacaron de nuevo sus armas, y enseñaron a los lugareños a defenderse y luchar, como mejor supieron; y una noche negra de comienzos de invierno, una procesión de antorchas y aldeanos indignados subieron a morir al páramo.

Fue una noche de sangre y fuego, una noche de muerte y de venganza, sobrevivieron muy pocos, pero al clarear el día aquella fortaleza maldita se consumía pasto de la ira, y de las llamas. El señor de los malditos ardió entre sus muros con algunos de sus hombres, otros encontraron la muerte luchando a las puertas. Pero todos los componentes de aquella legión maldita perecieron en justa venganza.

También murió el hermano de Rodrigo junto a varios aldeanos, rescataron a Jimena y a dos de las tres doncellas que secuestraron el día de la funesta boda, no eran las mismas, sus ojos reflejaban sufrimiento, sus cuerpos mancillados y atormentados eran prueba del dolor que destilaban aquellas miradas. La vida continuó, los años amortiguaron el dolor y vejaciones, llegaron hijos, después nietos.

Con el correr de los siglos la historia original quizás perdió parte de su contenido, nunca lo sabremos; sin embargo tras aquel bosque aun pueden verse los restos calcinados de aquella fortaleza del mal, y la esencia de lo que ocurrió allí y sus motivos, han pasado de generación en generación entre nosotros; yo mismo soy un descendiente del valiente Rodrigo, aquel que por amor desafío y venció al mal.

Pero el mal no se fue del todo, sigue allí, entre aquellos restos calcinados y malditos; en noches de luna llena puede verse una densa niebla qué se apodera del bosque. Dicen que aquellos desdichados que se aventuran en aquella opacidad en busca de aventuras, se pierden en un nexo de los tiempos, un nexo que les conduce a vivir aquel horror contra el que lucharon mis antepasados, cuentan que jamás vuelven a salir de aquella niebla.

Jorge y Sonia escuchaban absortos el relato del joven posadero; un chico de unos veinticinco años. Ante ellos unas tazas de café, un café que no habían probado, un café frío.

 
Llegaron esa misma tarde, su intención hospedarse unos días y recorrer la zona como senderistas, preguntaron al posadero por lugares interesantes, e historias inquietantes, y él les contó la historia de su posada, de sus antepasados; la historia de ese pequeño pueblo en el que tenían intención de permanecer algunos días, y una extraña leyenda que flotaba en torno a unas ruinas tras un bosque.

Cuenta la historia, que dos curiosos senderistas se encaminaron una tarde de enero en busca de aventuras y de unas viejas ruinas, cuenta también que algunos vecinos intentaron disuadirles, para que no lo hiciesen, no esa tarde. Cuenta la historia que los jóvenes les miraron sonrientes y negaron, cuenta cómo los vecinos les vieron alejarse confiados, cómo les vieron desaparecer entre aquella espesa niebla que empezaba a formarse en las vísperas de la noche de la gran batalla, acaecida siglos atrás, en aquellos mismos parajes.

Meses después, un vecino encontró a una chica semidesnuda, y notoriamente trastornada, sus ojos reflejaban un profundo terror, era incapaz de articular palabra alguna con coherencia. Explorando los alrededores encontraron el cuerpo mutilado de un joven, le habían arrancado los ojos y la lengua, y le faltaba también la mano derecha.

A lo lejos, entre los jirones de niebla, desde lo más profundo del bosque, llegaba el eco de un macabro estruendo; algo parecido al galope de varios caballos y viejos gritos de batalla.

sábado, 1 de diciembre de 2012

CANTO A ESPAÑA (Odón Betanzos Palacios)




España es algo más que un discurso político o un pastel que repartir entre los partidos corruptos y sus politicastros mafiosos. España somos todos nosotros, nuestros antepasados, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. No podemos ni debemos consentir que una casta mal nacida destruya la nación más antigua de Europa y una de las más antiguas del mundo en sus mercadeos de intereses.

Constitución española Artículo primero del título preliminar
2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.
Artículo segundo del título preliminar.
Artículo 2.
La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.
Artículo 8.
1. Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.
SECCIÓN II. DE LOS DERECHOS Y DEBERES DE LOS CIUDADANOS.
Artículo 30.         
1.       Los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España.    


Poema que forma parte de la obra poética universalmente difundida del autor de Poemas del hombre y las desolaciones y de Ese dios de las totalidades. Se lo encuentra en la Antología Poética de Odón Betanzos Palacios, cuya selección, edición, introducción y notas pertenece a José María Padilla Valencia.

Director de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

 


                I
España que de mi voz se llena.
España pulso y agua.
España hierro y sangre. España.
España raíz y nervio.
España azada larga.
España de titanes.
España.

II
Cuando la tierra estaba quieta
y el mar en alto.
Cuando Dios medía la fuerza por el empuje,
cuando la valentía era algo
y el alma simiente.
Cuando la fruta era larga
y el paso corto,
entonces, en aquel día,
fue España.

III
España de mimbre y de agua,
y de surco, y de avellaneda,
y de aceite, y de naranja.
España de valle y de sierra.
España espada alzada.
España.

IV
España cicatrizada y enteriza,
y alta,
España de palabras.
España de entereza, de entereza bárbara.
España de día, y acento, y alondra,
y almendra, y aldea.
España de hombres tan duros como hachas.
España.

V
Tal alta como tú, España, ninguna.
Ni de tanto coraje, ni de tanta alma,
ni de tanta pena, ni de tanta lágrima.
Tan grande como tú, ninguna, España,
ni tan serena, ni tan rebelde,
ni de tanto empuje, ni de tanta calma,
ni de tanta bravura
cuando llega tu campanada.
De tanto nervio, como tú, España, ninguna;
ni de tanta mansedumbre cuando descansas.
España, España, raza y gentío,
lanza y castillo y madrugada.

VI
Cuando los demás pueblos dormían, tu, España,
de tu raza singular hacías un mundo,
un mundo singular como tú, España.
España fabricaba hombres más grandes que titanes,
más fuertes que fábricas.
España daba un nervio de pulso de gigante,
de alma de albahaca.
España daba su idioma, y Dios,
y raza, y tiempo, y día, y alma.
España cuando lo oscuro era,
daba su civilización de alondra,
y de entereza, y de finura,
y de lumbre y de nostalgias.
Daba un mundo completo
con sus grandes virtudes
y sus visibles faltas.
Cuando los otros pueblos pensaban,
España hacía y demostraba,
y el mundo se ponía de pies
y absorto temblaba, de envidia y de rabia.

VII
España mía por la raza, y por las calles,
y por los pinares, y por los mares y por la plazas.
España blanca, y oscura y opaca.
España red y arado.
España fábrica.
España, mía con la luz de enmedio,
y en la madrugada.
-¡Mi España!- Tan completa en tu acento,
tan bien hecha, tan entera, tan surcada.
España mía, desde que el sol se pone
hasta que el sol se levanta.
España ambiente, y calle, y cañada.
España cielo, y pájaro, y hombre,
y canción, y sierra, y agua.
España caliente, y fría, y estatuaria,
y abierta, y mansa.
España de dura meseta
y de luz azulada.
España símbolo.
España sacrificada.
España alivio.
España dura.
España mirada.
España predestinada.
España. España.

VIII
España pueblo nuevo
hecho de cien razas.
España fuerte, como el hambre milenaria.
España cruz, como la cruz sacrificada.
España arrojo, y decisión y pausa.
España con destino,
con el destino soberbio de su mirada.
España sed y España agua.

IX
A ti va mi alma, España,
con mi intención desahogada.
A ti va mi voz buscando tus hondonadas,
y mi razón agarrando tus esperanzas;
y mi amor, y mi cuerpo,
y mi luz, y mi calma,
y mi yo, España.

X
Despierta, España, a tu razón,
a tu aurora, a tu cuerpo raza,
a tu mente libre, a tu voz pausada,
a tu leyenda, a tu verdad,
a tu luz, a tu amor desbocado, a tu fuerza,
a tu fe, a tu Dios, a tu armonía, a tus esperanzas.
Despierta, España, a tu diálogo,
a tu carne, a tus firmezas,
a tu sabiduría, a tus brazos abiertos,
a tu amor heroico,
a tu canción de seguridades,
a tus enseñanzas.
Despierta, España, a tu hazaña nueva,
a tu lengua clara,
a tu voz firme,
a tu misión de cultura nueva
de dimensión humana.

viernes, 30 de noviembre de 2012

EL MONJE


 

-          Ésta es su habitación, como puede comprobar es tal como le dije, exacta a las fotografías que publicamos en nuestra página web.

Era ciertamente una réplica exacta de lo que pudo ser la alcoba de un joven señor en el año 1.300. Una ventana estrecha en su parte exterior y más ancha en la interior destinada a captar y expandir la luz, un armario de tosca madera, un gran arcón sobre el suelo alfombrado, una cama con dosel, una mesa, dos sillas, un cortinón de gruesa tela cayendo desde el techo de la estancia y una gran chimenea encendida formaban el mobiliario de aquella estancia de piedra y artesonado de madera sobre su cabeza.

 

-          ¿Y dice usted que esta fue la habitación de uno de los últimos caballeros templarios?

 

-          Sí, uno de los que formaba parte del círculo más allegado de Jacques de Molay, el último gran maestre de la orden. Se dice que fue uno de los caballeros encargados de ejecutar sus últimas voluntades, proteger los tesoros de la orden, ayudar a los hermanos que se hubiesen salvado evitando la dispersión, e incluso se rumorea que se le encomendó la tarea de vengar el daño infringido sobre la orden ejecutando a los implicados en la trama, o sus descendientes si ellos hubiesen muerto o escapado a la venganza. Parece ser que fue un temible guerrero, implacable ejecutor de cualquier misión que le fuese encomendada y un terrible pasado en el que se le achacaban ciertos tratos con el maligno, debido a lo cual ingresó en la orden del Temple para acallar rumores y proteger el nombre de su linaje. Tras la desaparición de la orden y ejecutados el gran maestre y sus últimos caballeros, se filtró la noticia de que tal vez aquellas palabras al borde de la hoguera encerrasen algo más que una simple profecía:

 

-           « "Dios sabe quién se equivoca y ha pecado y la desgracia se abatirá pronto sobre aquellos que nos han condenado sin razón. Dios vengará nuestra muerte. Señor, sabed que, en verdad, todos aquellos que nos son contrarios, por nosotros van a sufrir." "Clemente, y tú también Felipe, traidores a la palabra dada, ¡os emplazo a los dos ante el Tribunal de Dios!... A ti, Clemente, antes de cuarenta días, y a ti, Felipe, dentro de este año..."»

 

El propio Clemente V encargó una investigación de la que no se supo más debido a su muerte un año despues junto a la muerte de Felipe El Hermoso y la de su mayordomo.


Aunque otras fuentes dicen que todos aquellos implicados en el exterminio de la orden del temple y posterior investigación encaminada a destruir todo vestigio de la misma fueron silenciados uno tras otro. Se habla de accidentes provocados, de personas envenenadas, apuñaladas, ahorcadas y un sinfín más de tormentos a lo largo de los años posteriores; se habla incluso de un anatema que se prolonga a través de los siglos para todos los descendientes de aquellos que maldijo “De Molay” antes de morir, se habla de un eterno ejecutor de su voluntad, del vengador del Temple. Algunos vecinos comentan que algunas noches se puede ver la figura del caballero vengador sobre su caballo de batalla, que se oyen siniestros ruidos metálicos producidos por la armadura del caballero y su caballo buscando a los herederos de su juramento de eterna venganza.
 

-          Vaya historia, si lo que pretende es llamar mi atención y despertar mi curiosidad le garantizo que lo ha conseguido, ¿tú qué opinas Berta? 

-          Que siempre te las ingenias para sorprenderme agradablemente al mismo tiempo que satisfaces tus excentricidades, no sé como lo consigues la verdad, pero siempre lo consigues; eres un afortunado bribonzuelo. ¿Y usted, a qué se dedica exactamente?

-          Soy un descendiente de los mayordomos de los antiguos señores, mi familia les ha servido desde generaciones; actualmente me ocupo de dirigir al servicio, digamos que soy mayordomo y guardés del lugar. Cuando su marido contactó conmigo y me explicó lo que necesitaba y los motivos supe que esta habitación era perfecta para ustedes, digamos que tengo cierta habilidad para encontrar las habitaciones adecuadas para cada huésped.

-          Ya veo, es usted todo un experto, debe ser herencia de familia.

-          Sí señora, seguramente debe ser eso, que disfruten de su estancia.


Berta, la mujer de Guillermo escuchaba sonriente la historia del anciano guardés de aquella fortaleza transformada en un lujoso lugar de turismo rural, Guillermo era muy excéntrico, tal vez debido a su faceta de escritor y apasionado investigador, de hecho trabajaba digitalizando todo tipo de documentos ya fuese para entidades privadas, estatales o religiosas; le apasionaba su trabajo de tal modo que incluso se las apañaba para coincidir con la historia incluso en vacaciones. Su estancia en aquel curioso lugar se debía a la reciente noticia de su embarazo, sí, Guillermo y ella iban a ser papás por fin. Así que aprovecharon el puente del día del padre para celebrar tan feliz acontecimiento, lo merecían realmente, especialmente tras aquel accidente en el que sus posibilidades de concebir quedaron tan mermadas.
 

-          ¿Qué te parece la habitación princesa? no me negarás que es una pasada; por cierto el baño está tras aquel cortinón, es una curiosa manera de adaptar las necesidades actuales sin perjudicar demasiado el entorno. ¿quieres darte un baño relajante mientras yo me encargo de deshacer las maletas y colocar nuestras cosas?

-          La verdad es que sí, me vendría muy bien, además tengo intención de aprovecharme de esta situación al máximo de mis posibilidades.

-          Aprovecha cariño, aprovecha; mereces eso y más, no sabes la alegría que siento, pensaba que jamás podríamos tener hijos. ¿Quieres que vaya despues a frotarte la espalda?

-          Una idea muy interesante, ¿Por qué no?

Berta despareció tras la tupida muralla de aquellos cortinones mientras Guillermo comenzó a abrir sus bolsas de viaje para distribuir ropas y enseres de higiene personal. Había sido toda una suerte encontrar aquel Hotel tan apartado, una suerte encontrar también a Morice, aquel viejo guardés tan amable y conocedor de la historia del lugar y sus más relevantes protagonistas. Incluso le habló de una biblioteca a la que podría facilitarle acceso, una biblioteca que contenía manuscritos y documentos sobre la familia de aquella fortaleza-hotel; un hombre muy educado y atento el tal Morice, incluso le facilitó la mejor habitación a pesar de haber llamado en tiempo real, de un día para otro, aunque la verdad su suerte apenas le sorprendía.

Es cierto, Berta tenía razón; era un afortunado bribón, la vida le sonreía en todos los aspectos; acababa de conseguir un contrato con el Vaticano para digitalizar documentos y códices no sólo en Roma, si no en diversos monasterios del mundo, una aventura muy lucrativa y apasionante para alguien como él y el embarazo de Berta vino a colocar la guinda sobre el pastel.

 

-          Berta voy a frotarte bien, je je je

-          Vaya, menos mal, pensaba que tendría que buscar a alguien para suplirte jajaja.

Guillermo desapareció tras la cortina dejando un rastro de ropa tras él. Sí, definitivamente era un hombre muy afortunado.

La cena fue suculenta, un surtido de patés y ensalada como entrante, un suculento asado de venado como plato fuerte y una deliciosa tarta de queso, todo ello regado con excelentes caldos de la bodega familiar ya para concluir un relajante paseo por los jardines, bajo la luz de la luna de la mano de Berta con un buen cigarro marca Montecristo en la otra; sí, definitivamente la diosa fortuna le sonreía.


-          ¿Te das cuenta de que el año que viene por estas fechas ya seremos papás de verdad Guillermo?

-          Sí cariño, me doy cuenta y soy muy feliz, te juro Berta que soy muy feliz, eres una bendición para mí, eres lo mejor cielo.

-          Shsss, no digas nada más, llévame a la habitación, subamos.

 

Guillermo soltó su cigarro para abrazar a Berta y cogidos por la cintura subieron a su habitación. Mañana tendría tiempo de indagar en aquella biblioteca familiar pero esta noche era para Berta en exclusiva, una noche para el amor, para las confidencias y el sexo.

 

-          ¿Y dice usted que le encargaron el desayuno a las 9 de la mañana y al subir les encontraron así?

 

El inspector de policía tomaba notas mientras el equipo forense se dedicaba a recoger pruebas esperando la orden judicial para recoger y trasladar los cuerpos de Berta y Guillermo.

 

-          Sí inspector, envié a una doncella a las 9 como ellos me indicaron ayer, y la pobre les encontró así; una pena eran dos jóvenes muy simpáticos, no comprendo quien puede ser capaz de degollar a dos personas hasta casi decapitarles, y lo más triste es que al parecer ella estaba esperando un niño; lamentablemente la persona que se encarga del turno de noche suele dormitar en la habitación inmediata a recepción y sólo acude si le llaman previamente, difícilmente podrá decirles nada.

-          Lo curioso es que todo estaba cerrado, es casi como sí quien lo hizo hubiese surgido de la nada y tras cometer los asesinatos hubiese desparecido en la misma nada.

-          Es posible inspector, pero usted y yo ya somos mayorcitos para creer en fantasmas ¿no cree?

-          Desde luego Morice, desde luego; es sencillamente que no consigo entender quien querría asesinar a una pareja de turistas, sin móvil aparente. ¿Cómo dice que se llamaban?

 

El viejo Morice esbozo una sonrisa, una sonrisa casi siniestra e imperceptible.

 

-          Nogaret inspector, Guillermo Nogaret y Berta Rodríguez

martes, 27 de noviembre de 2012

EL REPARTO DE CULPAS


Si debemos aprender algo de esta crisis es precisamente que hemos llegado a ella tras sufrir otra muy distinta, una crisis silenciosa de valores; valores que se fueron diluyendo en una sociedad cada vez más pragmática e imbuida por la búsqueda del paraíso terrenal más cercano y sin tener en cuenta las consecuencias que ello pudiese conllevar a largo plazo. Hace unos días sostuve una conversación familiar sobre culpas y tal vez perdido en la algarabía de la conversación dicharachera y cortoplacista que se formó a mí alrededor fui incapaz de hacer entender mi postura sobre culpabilidades. No nos engañemos, tenemos nuestra parte en el reparto de culpas. Pero nuestra culpa es la culpa del rebaño mal dirigido y conformista, nuestra culpa es culpa de la oveja que se deja llevar al matadero sin proferir una queja.  Y aunque existen personas e instituciones capaces de dar claros ejemplos de solidaridad y humanismo cristiano se ven obligadas a soportar todo tipo de injurias y persecuciones debido precisamente a sus actos. Me viene a la mente el ejemplo de Amancio Ortega, del que más que importarme su fortuna me importa el uso que hace de parte de la misma, utilizándola para ayudar a quienes lo han perdido todo (20 MILLONES DE EUROS) y me escandaliza igualmente la hipocresía de quienes le condenaron y lincharon mediáticamente: actores de cine subvencionado, escritoras de medio pelo, cantantes de mercadillo y saldo, algunos payasos que presumen de cómicos, partidos políticos o movimientos sindicales que entienden por justicia y generosidad el asalto a supermercados, la intimidación de cajeras y trabajadores en general, todos ellos con sus fortunas y tributaciones a salvo en otros países o paraísos fiscales y sin la menor intención de dedicar parte de ellas a los fines que critican en el señor Ortega . Me vienen a la mente instituciones religiosas como la iglesia católica tan solidaria como perseguida que apenas da abasto a atender tanta necesidad mientras otras confesiones religiosas y políticas practican el fundamentalismo y la persecución contra ella denigrando sus acciones y confundiendo a las masas con violencia y demagogia. ¿Qué futuro tiene una sociedad que condena las buenas acciones y aplaude el vandalismo y la demagogia? NINGUNO

Tenemos parte en el reparto de culpas sí, la parte del marinero que se deja seducir por los cantos de sirena de aquellos que supuestamente están más cualificados para dirigirnos como sociedad y nación y en lugar de cumplir con su tarea se afanan en utilizar sus cargos electos o dedocráticos en acumular riquezas y poder, privilegios en definitiva para ellos, sus allegados, sus partidos políticos y sindicatos o sus grandes monopolios financieros y empresariales. ¿Quién tiene más culpa en el reparto, la oveja que pasta en la seguridad de que el pastor vela por ella o el mal pastor que sólo pretende de la oveja su carne y su lana dejándola a merced del ataque de las fieras cuando nada cree obtener de ella? ¿Quién tiene más culpa en el reparto, el rebaño conducido a un precipicio o el pastor que les conduce a sabiendas hacia el mismo? ¿Quién tiene más culpa en el reparto, el pastor capaz de parar la pérdida conteniendo la marcha del rebaño hacia el abismo redirigiéndolo a caminos de prosperidad, o el mismo rebaño impulsado por el pastor implacable a sabiendas de que el camino termina en un despeñadero?.
Sí, tenemos nuestra parte en el reparto de culpas, qué duda cabe. La parte del inocente que desconociendo las consecuencias económicas y políticas se dejó adormecer por los cantos de sirena de los profetas del fundamentalismo democrático y decidió dejar en sus manos aquello que es de todos ya que todos lo sufragamos de nuestros impuestos, tenemos la culpa de los mansos que nunca se preocuparon de que en España existiese una ley electoral injusta, anticonstitucional y antidemocrática que ponía todos los resortes del poder político y económico en manos de una casta de personas mediocres, mal preparadas y sin ningún sentido de estado o creencia en España como nación y la democracia como forma de gobierno. Nuestra culpa es la culpa del silencio mientras la clase política secuestró la separación de poderes y con ella la democracia. La culpa del consentimiento silencioso mientras políticos, sindicatos, patronal y banca se repartían los beneficios de nuestros impuestos. Tenemos nuestra parte de culpa, qué duda cabe, la tenemos y la estamos pagando bien cara cada día. La pagamos con unas tasas de paro alarmantes, la pagamos con familias desahuciadas por unas cajas de ahorros arruinadas por la intervención de políticos y sindicalistas que se han lucrado de las mismas obligándonos a rescatar de nuestros impuestos la ruina y la corrupción que ellos han creado, la pagamos al vernos obligados a subvencionar el brazo político de una banda terrorista con representación parlamentaria debido a que la ausencia de democracia hace que sean los partidos políticos quienes eligen a jueces y fiscales poniéndoles al servicio de sus intereses. Pagamos nuestra culpa al ver a unos dirigentes políticos subvencionados con dinero español utilizando los foros parlamentarios para dividir España enfrentando a los españoles con pretensiones separatistas y la cobarde y partidista conformidad del presidente del Gobierno y los residuos del principal partido de oposición. Tenemos nuestra parte de culpa y la estamos pagando amargamente ¿Pero cuando comenzaran a pagar su parte de culpa los verdaderos culpables?

miércoles, 14 de noviembre de 2012

UN HOMBRE, UN VOTO, UNA CAUSA, UNA MUERTE.

Un hombre, una bala,
o un machetazo.
Un hombre, una muerte,
o mil, qué más da

Si es en nombre de la codicia
o el odio.
Un hombre, un voto
que da el poder para manejar
los hilos, para comprar
las balas, las voluntades
o los machetes.

Las muertes siempre son las mismas,
solo cambian las causas
y las caras de los muertos.
solo cambia la cara del poderoso
que incita a matar, que incita
a odiar en nombre de su avaricia.

El poder corrompe a quienes
lo ostentan o ambicionan,
y de una forma u otra, mata
a quienes sufren por su causa.

Mata sus vidas, o su futuro,
mata sus sueños o esperanzas.
Un hombre, un voto, o mil,
qué más da si es siempre
en nombre de la corrupción.

La injusticia es la única bandera,
la bandera universal, con el escudo
de los corruptos y sus mentiras.

Enormes banderas, regadas
con la sangre y lágrimas del pueblo.
Enormes banderas para ondear,
o más pequeñas a juego con las grandes
para llevar en sus lujosos coches oficiales.

Un hombre un voto, o mil,
qué más da.
un hombre, una muerte,
o mil, qué más da
si siempre mueren los mismos,
sólo cambian los cadáveres
o sus macabras posturas.

Solo cambian las caras de los canallas
que promulgan el odio
como forma de vida para ellos,
como forma de muerte
para los demás.

Y marchan alegres los hombres
a la sombra de las banderas
de los corruptos, y matan o mueren
en nombre de sus mentiras,
las banderas también sirven
de sudario.

Siempre existe una causa
para matar o morir en nombre
de la riqueza,
el dinero, o los recursos naturales
que pudiesen generarlo.

Que ondeen alegres estandartes
de la democracia cerca del oro
o diamantes, cerca del petróleo.
Y que callen los muertos allí
donde solo existe tierra
para sus sepulturas.
En los abruptos pedregales
no existe lugar para la civilización.
 

miércoles, 31 de octubre de 2012

RÉQUIEM POR UNA SUCIEDAD.


Los dados siguen rodando
con sus números borrados
y el efecto dominó
es un alud nuclear.
Las cartas estaban marcadas
y la venda se aflojó
en el momento más inadecuado.

La razón se encuentra
en coma etílico
y desvaría semi desnuda
por pasillos legislados
de prostitución institucional.

La bola negra
baila la danza del vientre
sobre un tapete desgarrado
golpeada por puños
sordomudos con gangrena.

Cabezas deformes,
cuerpos metro-sexuales
y bolsillos de arpillera
es todo lo que queda.
Creo que hemos perdido.