sábado, 1 de diciembre de 2012

CANTO A ESPAÑA (Odón Betanzos Palacios)




España es algo más que un discurso político o un pastel que repartir entre los partidos corruptos y sus politicastros mafiosos. España somos todos nosotros, nuestros antepasados, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. No podemos ni debemos consentir que una casta mal nacida destruya la nación más antigua de Europa y una de las más antiguas del mundo en sus mercadeos de intereses.

Constitución española Artículo primero del título preliminar
2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.
Artículo segundo del título preliminar.
Artículo 2.
La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.
Artículo 8.
1. Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.
SECCIÓN II. DE LOS DERECHOS Y DEBERES DE LOS CIUDADANOS.
Artículo 30.         
1.       Los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España.    


Poema que forma parte de la obra poética universalmente difundida del autor de Poemas del hombre y las desolaciones y de Ese dios de las totalidades. Se lo encuentra en la Antología Poética de Odón Betanzos Palacios, cuya selección, edición, introducción y notas pertenece a José María Padilla Valencia.

Director de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

 


                I
España que de mi voz se llena.
España pulso y agua.
España hierro y sangre. España.
España raíz y nervio.
España azada larga.
España de titanes.
España.

II
Cuando la tierra estaba quieta
y el mar en alto.
Cuando Dios medía la fuerza por el empuje,
cuando la valentía era algo
y el alma simiente.
Cuando la fruta era larga
y el paso corto,
entonces, en aquel día,
fue España.

III
España de mimbre y de agua,
y de surco, y de avellaneda,
y de aceite, y de naranja.
España de valle y de sierra.
España espada alzada.
España.

IV
España cicatrizada y enteriza,
y alta,
España de palabras.
España de entereza, de entereza bárbara.
España de día, y acento, y alondra,
y almendra, y aldea.
España de hombres tan duros como hachas.
España.

V
Tal alta como tú, España, ninguna.
Ni de tanto coraje, ni de tanta alma,
ni de tanta pena, ni de tanta lágrima.
Tan grande como tú, ninguna, España,
ni tan serena, ni tan rebelde,
ni de tanto empuje, ni de tanta calma,
ni de tanta bravura
cuando llega tu campanada.
De tanto nervio, como tú, España, ninguna;
ni de tanta mansedumbre cuando descansas.
España, España, raza y gentío,
lanza y castillo y madrugada.

VI
Cuando los demás pueblos dormían, tu, España,
de tu raza singular hacías un mundo,
un mundo singular como tú, España.
España fabricaba hombres más grandes que titanes,
más fuertes que fábricas.
España daba un nervio de pulso de gigante,
de alma de albahaca.
España daba su idioma, y Dios,
y raza, y tiempo, y día, y alma.
España cuando lo oscuro era,
daba su civilización de alondra,
y de entereza, y de finura,
y de lumbre y de nostalgias.
Daba un mundo completo
con sus grandes virtudes
y sus visibles faltas.
Cuando los otros pueblos pensaban,
España hacía y demostraba,
y el mundo se ponía de pies
y absorto temblaba, de envidia y de rabia.

VII
España mía por la raza, y por las calles,
y por los pinares, y por los mares y por la plazas.
España blanca, y oscura y opaca.
España red y arado.
España fábrica.
España, mía con la luz de enmedio,
y en la madrugada.
-¡Mi España!- Tan completa en tu acento,
tan bien hecha, tan entera, tan surcada.
España mía, desde que el sol se pone
hasta que el sol se levanta.
España ambiente, y calle, y cañada.
España cielo, y pájaro, y hombre,
y canción, y sierra, y agua.
España caliente, y fría, y estatuaria,
y abierta, y mansa.
España de dura meseta
y de luz azulada.
España símbolo.
España sacrificada.
España alivio.
España dura.
España mirada.
España predestinada.
España. España.

VIII
España pueblo nuevo
hecho de cien razas.
España fuerte, como el hambre milenaria.
España cruz, como la cruz sacrificada.
España arrojo, y decisión y pausa.
España con destino,
con el destino soberbio de su mirada.
España sed y España agua.

IX
A ti va mi alma, España,
con mi intención desahogada.
A ti va mi voz buscando tus hondonadas,
y mi razón agarrando tus esperanzas;
y mi amor, y mi cuerpo,
y mi luz, y mi calma,
y mi yo, España.

X
Despierta, España, a tu razón,
a tu aurora, a tu cuerpo raza,
a tu mente libre, a tu voz pausada,
a tu leyenda, a tu verdad,
a tu luz, a tu amor desbocado, a tu fuerza,
a tu fe, a tu Dios, a tu armonía, a tus esperanzas.
Despierta, España, a tu diálogo,
a tu carne, a tus firmezas,
a tu sabiduría, a tus brazos abiertos,
a tu amor heroico,
a tu canción de seguridades,
a tus enseñanzas.
Despierta, España, a tu hazaña nueva,
a tu lengua clara,
a tu voz firme,
a tu misión de cultura nueva
de dimensión humana.

viernes, 30 de noviembre de 2012

EL MONJE


 

-          Ésta es su habitación, como puede comprobar es tal como le dije, exacta a las fotografías que publicamos en nuestra página web.

Era ciertamente una réplica exacta de lo que pudo ser la alcoba de un joven señor en el año 1.300. Una ventana estrecha en su parte exterior y más ancha en la interior destinada a captar y expandir la luz, un armario de tosca madera, un gran arcón sobre el suelo alfombrado, una cama con dosel, una mesa, dos sillas, un cortinón de gruesa tela cayendo desde el techo de la estancia y una gran chimenea encendida formaban el mobiliario de aquella estancia de piedra y artesonado de madera sobre su cabeza.

 

-          ¿Y dice usted que esta fue la habitación de uno de los últimos caballeros templarios?

 

-          Sí, uno de los que formaba parte del círculo más allegado de Jacques de Molay, el último gran maestre de la orden. Se dice que fue uno de los caballeros encargados de ejecutar sus últimas voluntades, proteger los tesoros de la orden, ayudar a los hermanos que se hubiesen salvado evitando la dispersión, e incluso se rumorea que se le encomendó la tarea de vengar el daño infringido sobre la orden ejecutando a los implicados en la trama, o sus descendientes si ellos hubiesen muerto o escapado a la venganza. Parece ser que fue un temible guerrero, implacable ejecutor de cualquier misión que le fuese encomendada y un terrible pasado en el que se le achacaban ciertos tratos con el maligno, debido a lo cual ingresó en la orden del Temple para acallar rumores y proteger el nombre de su linaje. Tras la desaparición de la orden y ejecutados el gran maestre y sus últimos caballeros, se filtró la noticia de que tal vez aquellas palabras al borde de la hoguera encerrasen algo más que una simple profecía:

 

-           « "Dios sabe quién se equivoca y ha pecado y la desgracia se abatirá pronto sobre aquellos que nos han condenado sin razón. Dios vengará nuestra muerte. Señor, sabed que, en verdad, todos aquellos que nos son contrarios, por nosotros van a sufrir." "Clemente, y tú también Felipe, traidores a la palabra dada, ¡os emplazo a los dos ante el Tribunal de Dios!... A ti, Clemente, antes de cuarenta días, y a ti, Felipe, dentro de este año..."»

 

El propio Clemente V encargó una investigación de la que no se supo más debido a su muerte un año despues junto a la muerte de Felipe El Hermoso y la de su mayordomo.


Aunque otras fuentes dicen que todos aquellos implicados en el exterminio de la orden del temple y posterior investigación encaminada a destruir todo vestigio de la misma fueron silenciados uno tras otro. Se habla de accidentes provocados, de personas envenenadas, apuñaladas, ahorcadas y un sinfín más de tormentos a lo largo de los años posteriores; se habla incluso de un anatema que se prolonga a través de los siglos para todos los descendientes de aquellos que maldijo “De Molay” antes de morir, se habla de un eterno ejecutor de su voluntad, del vengador del Temple. Algunos vecinos comentan que algunas noches se puede ver la figura del caballero vengador sobre su caballo de batalla, que se oyen siniestros ruidos metálicos producidos por la armadura del caballero y su caballo buscando a los herederos de su juramento de eterna venganza.
 

-          Vaya historia, si lo que pretende es llamar mi atención y despertar mi curiosidad le garantizo que lo ha conseguido, ¿tú qué opinas Berta? 

-          Que siempre te las ingenias para sorprenderme agradablemente al mismo tiempo que satisfaces tus excentricidades, no sé como lo consigues la verdad, pero siempre lo consigues; eres un afortunado bribonzuelo. ¿Y usted, a qué se dedica exactamente?

-          Soy un descendiente de los mayordomos de los antiguos señores, mi familia les ha servido desde generaciones; actualmente me ocupo de dirigir al servicio, digamos que soy mayordomo y guardés del lugar. Cuando su marido contactó conmigo y me explicó lo que necesitaba y los motivos supe que esta habitación era perfecta para ustedes, digamos que tengo cierta habilidad para encontrar las habitaciones adecuadas para cada huésped.

-          Ya veo, es usted todo un experto, debe ser herencia de familia.

-          Sí señora, seguramente debe ser eso, que disfruten de su estancia.


Berta, la mujer de Guillermo escuchaba sonriente la historia del anciano guardés de aquella fortaleza transformada en un lujoso lugar de turismo rural, Guillermo era muy excéntrico, tal vez debido a su faceta de escritor y apasionado investigador, de hecho trabajaba digitalizando todo tipo de documentos ya fuese para entidades privadas, estatales o religiosas; le apasionaba su trabajo de tal modo que incluso se las apañaba para coincidir con la historia incluso en vacaciones. Su estancia en aquel curioso lugar se debía a la reciente noticia de su embarazo, sí, Guillermo y ella iban a ser papás por fin. Así que aprovecharon el puente del día del padre para celebrar tan feliz acontecimiento, lo merecían realmente, especialmente tras aquel accidente en el que sus posibilidades de concebir quedaron tan mermadas.
 

-          ¿Qué te parece la habitación princesa? no me negarás que es una pasada; por cierto el baño está tras aquel cortinón, es una curiosa manera de adaptar las necesidades actuales sin perjudicar demasiado el entorno. ¿quieres darte un baño relajante mientras yo me encargo de deshacer las maletas y colocar nuestras cosas?

-          La verdad es que sí, me vendría muy bien, además tengo intención de aprovecharme de esta situación al máximo de mis posibilidades.

-          Aprovecha cariño, aprovecha; mereces eso y más, no sabes la alegría que siento, pensaba que jamás podríamos tener hijos. ¿Quieres que vaya despues a frotarte la espalda?

-          Una idea muy interesante, ¿Por qué no?

Berta despareció tras la tupida muralla de aquellos cortinones mientras Guillermo comenzó a abrir sus bolsas de viaje para distribuir ropas y enseres de higiene personal. Había sido toda una suerte encontrar aquel Hotel tan apartado, una suerte encontrar también a Morice, aquel viejo guardés tan amable y conocedor de la historia del lugar y sus más relevantes protagonistas. Incluso le habló de una biblioteca a la que podría facilitarle acceso, una biblioteca que contenía manuscritos y documentos sobre la familia de aquella fortaleza-hotel; un hombre muy educado y atento el tal Morice, incluso le facilitó la mejor habitación a pesar de haber llamado en tiempo real, de un día para otro, aunque la verdad su suerte apenas le sorprendía.

Es cierto, Berta tenía razón; era un afortunado bribón, la vida le sonreía en todos los aspectos; acababa de conseguir un contrato con el Vaticano para digitalizar documentos y códices no sólo en Roma, si no en diversos monasterios del mundo, una aventura muy lucrativa y apasionante para alguien como él y el embarazo de Berta vino a colocar la guinda sobre el pastel.

 

-          Berta voy a frotarte bien, je je je

-          Vaya, menos mal, pensaba que tendría que buscar a alguien para suplirte jajaja.

Guillermo desapareció tras la cortina dejando un rastro de ropa tras él. Sí, definitivamente era un hombre muy afortunado.

La cena fue suculenta, un surtido de patés y ensalada como entrante, un suculento asado de venado como plato fuerte y una deliciosa tarta de queso, todo ello regado con excelentes caldos de la bodega familiar ya para concluir un relajante paseo por los jardines, bajo la luz de la luna de la mano de Berta con un buen cigarro marca Montecristo en la otra; sí, definitivamente la diosa fortuna le sonreía.


-          ¿Te das cuenta de que el año que viene por estas fechas ya seremos papás de verdad Guillermo?

-          Sí cariño, me doy cuenta y soy muy feliz, te juro Berta que soy muy feliz, eres una bendición para mí, eres lo mejor cielo.

-          Shsss, no digas nada más, llévame a la habitación, subamos.

 

Guillermo soltó su cigarro para abrazar a Berta y cogidos por la cintura subieron a su habitación. Mañana tendría tiempo de indagar en aquella biblioteca familiar pero esta noche era para Berta en exclusiva, una noche para el amor, para las confidencias y el sexo.

 

-          ¿Y dice usted que le encargaron el desayuno a las 9 de la mañana y al subir les encontraron así?

 

El inspector de policía tomaba notas mientras el equipo forense se dedicaba a recoger pruebas esperando la orden judicial para recoger y trasladar los cuerpos de Berta y Guillermo.

 

-          Sí inspector, envié a una doncella a las 9 como ellos me indicaron ayer, y la pobre les encontró así; una pena eran dos jóvenes muy simpáticos, no comprendo quien puede ser capaz de degollar a dos personas hasta casi decapitarles, y lo más triste es que al parecer ella estaba esperando un niño; lamentablemente la persona que se encarga del turno de noche suele dormitar en la habitación inmediata a recepción y sólo acude si le llaman previamente, difícilmente podrá decirles nada.

-          Lo curioso es que todo estaba cerrado, es casi como sí quien lo hizo hubiese surgido de la nada y tras cometer los asesinatos hubiese desparecido en la misma nada.

-          Es posible inspector, pero usted y yo ya somos mayorcitos para creer en fantasmas ¿no cree?

-          Desde luego Morice, desde luego; es sencillamente que no consigo entender quien querría asesinar a una pareja de turistas, sin móvil aparente. ¿Cómo dice que se llamaban?

 

El viejo Morice esbozo una sonrisa, una sonrisa casi siniestra e imperceptible.

 

-          Nogaret inspector, Guillermo Nogaret y Berta Rodríguez

martes, 27 de noviembre de 2012

EL REPARTO DE CULPAS


Si debemos aprender algo de esta crisis es precisamente que hemos llegado a ella tras sufrir otra muy distinta, una crisis silenciosa de valores; valores que se fueron diluyendo en una sociedad cada vez más pragmática e imbuida por la búsqueda del paraíso terrenal más cercano y sin tener en cuenta las consecuencias que ello pudiese conllevar a largo plazo. Hace unos días sostuve una conversación familiar sobre culpas y tal vez perdido en la algarabía de la conversación dicharachera y cortoplacista que se formó a mí alrededor fui incapaz de hacer entender mi postura sobre culpabilidades. No nos engañemos, tenemos nuestra parte en el reparto de culpas. Pero nuestra culpa es la culpa del rebaño mal dirigido y conformista, nuestra culpa es culpa de la oveja que se deja llevar al matadero sin proferir una queja.  Y aunque existen personas e instituciones capaces de dar claros ejemplos de solidaridad y humanismo cristiano se ven obligadas a soportar todo tipo de injurias y persecuciones debido precisamente a sus actos. Me viene a la mente el ejemplo de Amancio Ortega, del que más que importarme su fortuna me importa el uso que hace de parte de la misma, utilizándola para ayudar a quienes lo han perdido todo (20 MILLONES DE EUROS) y me escandaliza igualmente la hipocresía de quienes le condenaron y lincharon mediáticamente: actores de cine subvencionado, escritoras de medio pelo, cantantes de mercadillo y saldo, algunos payasos que presumen de cómicos, partidos políticos o movimientos sindicales que entienden por justicia y generosidad el asalto a supermercados, la intimidación de cajeras y trabajadores en general, todos ellos con sus fortunas y tributaciones a salvo en otros países o paraísos fiscales y sin la menor intención de dedicar parte de ellas a los fines que critican en el señor Ortega . Me vienen a la mente instituciones religiosas como la iglesia católica tan solidaria como perseguida que apenas da abasto a atender tanta necesidad mientras otras confesiones religiosas y políticas practican el fundamentalismo y la persecución contra ella denigrando sus acciones y confundiendo a las masas con violencia y demagogia. ¿Qué futuro tiene una sociedad que condena las buenas acciones y aplaude el vandalismo y la demagogia? NINGUNO

Tenemos parte en el reparto de culpas sí, la parte del marinero que se deja seducir por los cantos de sirena de aquellos que supuestamente están más cualificados para dirigirnos como sociedad y nación y en lugar de cumplir con su tarea se afanan en utilizar sus cargos electos o dedocráticos en acumular riquezas y poder, privilegios en definitiva para ellos, sus allegados, sus partidos políticos y sindicatos o sus grandes monopolios financieros y empresariales. ¿Quién tiene más culpa en el reparto, la oveja que pasta en la seguridad de que el pastor vela por ella o el mal pastor que sólo pretende de la oveja su carne y su lana dejándola a merced del ataque de las fieras cuando nada cree obtener de ella? ¿Quién tiene más culpa en el reparto, el rebaño conducido a un precipicio o el pastor que les conduce a sabiendas hacia el mismo? ¿Quién tiene más culpa en el reparto, el pastor capaz de parar la pérdida conteniendo la marcha del rebaño hacia el abismo redirigiéndolo a caminos de prosperidad, o el mismo rebaño impulsado por el pastor implacable a sabiendas de que el camino termina en un despeñadero?.
Sí, tenemos nuestra parte en el reparto de culpas, qué duda cabe. La parte del inocente que desconociendo las consecuencias económicas y políticas se dejó adormecer por los cantos de sirena de los profetas del fundamentalismo democrático y decidió dejar en sus manos aquello que es de todos ya que todos lo sufragamos de nuestros impuestos, tenemos la culpa de los mansos que nunca se preocuparon de que en España existiese una ley electoral injusta, anticonstitucional y antidemocrática que ponía todos los resortes del poder político y económico en manos de una casta de personas mediocres, mal preparadas y sin ningún sentido de estado o creencia en España como nación y la democracia como forma de gobierno. Nuestra culpa es la culpa del silencio mientras la clase política secuestró la separación de poderes y con ella la democracia. La culpa del consentimiento silencioso mientras políticos, sindicatos, patronal y banca se repartían los beneficios de nuestros impuestos. Tenemos nuestra parte de culpa, qué duda cabe, la tenemos y la estamos pagando bien cara cada día. La pagamos con unas tasas de paro alarmantes, la pagamos con familias desahuciadas por unas cajas de ahorros arruinadas por la intervención de políticos y sindicalistas que se han lucrado de las mismas obligándonos a rescatar de nuestros impuestos la ruina y la corrupción que ellos han creado, la pagamos al vernos obligados a subvencionar el brazo político de una banda terrorista con representación parlamentaria debido a que la ausencia de democracia hace que sean los partidos políticos quienes eligen a jueces y fiscales poniéndoles al servicio de sus intereses. Pagamos nuestra culpa al ver a unos dirigentes políticos subvencionados con dinero español utilizando los foros parlamentarios para dividir España enfrentando a los españoles con pretensiones separatistas y la cobarde y partidista conformidad del presidente del Gobierno y los residuos del principal partido de oposición. Tenemos nuestra parte de culpa y la estamos pagando amargamente ¿Pero cuando comenzaran a pagar su parte de culpa los verdaderos culpables?

miércoles, 14 de noviembre de 2012

UN HOMBRE, UN VOTO, UNA CAUSA, UNA MUERTE.

Un hombre, una bala,
o un machetazo.
Un hombre, una muerte,
o mil, qué más da

Si es en nombre de la codicia
o el odio.
Un hombre, un voto
que da el poder para manejar
los hilos, para comprar
las balas, las voluntades
o los machetes.

Las muertes siempre son las mismas,
solo cambian las causas
y las caras de los muertos.
solo cambia la cara del poderoso
que incita a matar, que incita
a odiar en nombre de su avaricia.

El poder corrompe a quienes
lo ostentan o ambicionan,
y de una forma u otra, mata
a quienes sufren por su causa.

Mata sus vidas, o su futuro,
mata sus sueños o esperanzas.
Un hombre, un voto, o mil,
qué más da si es siempre
en nombre de la corrupción.

La injusticia es la única bandera,
la bandera universal, con el escudo
de los corruptos y sus mentiras.

Enormes banderas, regadas
con la sangre y lágrimas del pueblo.
Enormes banderas para ondear,
o más pequeñas a juego con las grandes
para llevar en sus lujosos coches oficiales.

Un hombre un voto, o mil,
qué más da.
un hombre, una muerte,
o mil, qué más da
si siempre mueren los mismos,
sólo cambian los cadáveres
o sus macabras posturas.

Solo cambian las caras de los canallas
que promulgan el odio
como forma de vida para ellos,
como forma de muerte
para los demás.

Y marchan alegres los hombres
a la sombra de las banderas
de los corruptos, y matan o mueren
en nombre de sus mentiras,
las banderas también sirven
de sudario.

Siempre existe una causa
para matar o morir en nombre
de la riqueza,
el dinero, o los recursos naturales
que pudiesen generarlo.

Que ondeen alegres estandartes
de la democracia cerca del oro
o diamantes, cerca del petróleo.
Y que callen los muertos allí
donde solo existe tierra
para sus sepulturas.
En los abruptos pedregales
no existe lugar para la civilización.
 

miércoles, 31 de octubre de 2012

RÉQUIEM POR UNA SUCIEDAD.


Los dados siguen rodando
con sus números borrados
y el efecto dominó
es un alud nuclear.
Las cartas estaban marcadas
y la venda se aflojó
en el momento más inadecuado.

La razón se encuentra
en coma etílico
y desvaría semi desnuda
por pasillos legislados
de prostitución institucional.

La bola negra
baila la danza del vientre
sobre un tapete desgarrado
golpeada por puños
sordomudos con gangrena.

Cabezas deformes,
cuerpos metro-sexuales
y bolsillos de arpillera
es todo lo que queda.
Creo que hemos perdido.

jueves, 25 de octubre de 2012

El problema no puede ser la solución al problema.


Corría el año 1915 cuando José Ortega y Gasset escribió en la revista España la siguiente afirmación: 

 “Hay que confundir los partidos políticos de hoy para que sean posibles mañana nuevos partidos más vigorosos”.


Hoy más que nunca cobra sentido la frase de D. José aunque no en su término exacto. No debemos confundir en absoluto los partidos actuales. Es imperativo arrinconarlos electoralmente hasta su desaparición y con ellos a las actuales castas endogámicas, corruptas y mediocres que dirigen nuestra ineptocracia bipartita ppsoe si queremos que exista un mañana para el pueblo español y dar paso a una nueva generación de políticos capaces y honrados que afronten los problemas con miras de estado, vocación de servicio y sentido de patria. España es un barco a la deriva y escorado, es imposible que los actuales partidos de izquierdas o derechas (nacionalismos especialmente) que son los responsables de los graves problemas que padecemos pueden ser al mismo tiempo la solución. Un cáncer jamás puede curar otro cáncer, el cáncer son los partidos políticos y las autonomías la metástasis que han generado. El cáncer debe ser extirpado si queremos sobrevivir como Nación y sociedad. 

martes, 23 de octubre de 2012

NECESITO LOS SILENCIOS.




Necesito la constante
de mí mismo,
no puedo navegar
a la deriva del libre
albedrío de las emociones
cambiantes, o el rumbo
incierto del aquí y ahora.

Sé que me dueles en el alma
y olvidarte es tan sencillo
como dejar de respirar,
o caminar con los ojos vendados
aunque me esperen
nuevos horizontes
alejados del abrazo
inconsistente y puntual
que surge tan esporádico
como su marcha.

Nuevos brazos tal vez,
tal vez nuevas miradas
que me recuerden la incertidumbre
de tus pasos agotados,
o el gesto conformista
de la aceptación premeditada
en aquel silencio predispuesto.
Necesito los silencios,
tal vez para volver a encontrarte,
tal vez para volver a encontrarme.

martes, 18 de septiembre de 2012

Santa Cruz Del Valle, un ramillete de versos.


Santa Cruz Del Valle, un balcón al Valle del Tiétar, una flor de tantas que conjuntan el ramillete de las villas que anteceden al puerto del pico que es a su vez la puerta de la parda geografía castellana. Pero no es de geografía Española de lo que quiero escribir, si no de poesía y humanidad, de versos y calor. El calor de una población que se entregó y nos entregó toda su amistad, su hospitalidad su bonhomía. Una noche de sábado lirica, romántica y afectuosa en un marco idílico; un grato recuerdo que nos acompañará a todos, poetas y vecinos.
Quiero agradecer en mi nombre y el de mis compañeros el trabajo y la ilusión de José Carlos, Félix y Emilio “el ventero” ya que su esfuerzo dio los frutos deseados y la amabilidad de todo un pueblo nos condujo por un camino plagado de sonrisas y velas encendidas hacia el lugar del recital ampliamente aplaudido en un local que quedó pequeño ante la afluencia masiva y la grandeza de corazón de los vecinos de la localidad.







lunes, 10 de septiembre de 2012

EL AUTOBÚS



Ernesto abrió los ojos; el traqueteo lo había despertado de su sueño, o eso pensaba hasta el momento, ¿dónde estaba? Él recordaba perfectamente haberse lavado los dientes, haber puesto el despertador en hora y por supuesto haberse metido en la cama; recordaba incluso sus pensamientos antes de cerrar los ojos, ¿dónde estaba?...empezó por mirar a su alrededor; estaba sentado en una butaca muy parecida a las que suelen usarse en trenes, autobuses o  aviones; la butaca al lado de la suya estaba vacía pero, a pesar de las penumbras, Ernesto pudo distinguir más siluetas sentadas delante y detrás suyo; todos iban en silencio y mirando por la ventanilla. ¡La ventanilla, claro! Esa podría ser la confirmación, el argumento para demostrar la realidad; a través de ella podría ver algo más; pero nada, fuera estaba oscuro y apenas se distinguían sombras indescifrables.

-          Calma, calma, estoy soñando, sólo es eso.
Estaba en algún tipo de autobús, eso seguro; de vez en cuando el vehículo se detenía para dejar bajar o subir algún pasajero. La cuestión era ¿hacia dónde viajaba, qué destino tenía, y cómo narices había llegado a él? Estoy soñando, estás soñando, Ernesto; sin embargo estaba vestido, llevaba unos tejanos que reconocía como suyos, una camisa de cuadros que apenas usaba, pero también suya y a su lado descansaba su vieja zamarra de piel, su favorita, la que usaba casi siempre, estoy soñando o…¿seré sonámbulo?.
El vehículo se detuvo y una vez más salieron dos o tres personas, ¡qué raro!, juraría que no había entrado nadie; sin embargo, el asiento que había justo delante de él ahora estaba ocupado. Era un autobús, eso estaba claro, podía distinguir al conductor y el panel de luces al lado del volante; a lo largo del pasillo se veían cabezas reclinadas o rectas, mirando a su alrededor, como él mismo hacía, pero nadie intentaba levantarse, él mismo sentía una extraña modorra además de la curiosidad que le asaltaba con continuas preguntas; la verdad es que se estaba cómodo y calentito, en fin ya se despertaría de este extraño sueño para ir al trabajo; mañana le esperaba una jornada dura, tenía que visitar dos obras en construcción (Ernesto era arquitecto) y por la tarde tenía una cita con dos nuevos clientes para empezar un nuevo proyecto, además tenía una cita con Clara; por fin parecía que iban a hacer las paces tras dos semanas de tensión por un absurdo mal entendido. Clara era buena chica pero un poco celosa a veces y muy cabezota; pero él la adoraba.
Un frenazo repentino. Hasta ahora el conductor manejaba el vehículo de una forma muy suave.
-          ¡Usted no puede subir, éste no es su autobús!
El conductor reprendía a un pasajero que intentaba subir aprovechando la brusca frenada y el pasajero parecía no estar dispuesto a hacerle el menor caso.

-          ¡Le he dicho que no puede viajar en este autobús, amigo!
El pasajero movía la cabeza negándose a bajar. En fin, Ernesto tenía otras cosas de qué preocuparse, mañana por la noche quería sorprender a Clara con la cita perfecta, la compraría rosas negras por supuesto, eran sus favoritas, y la llevaría a cenar a aquel restaurante italiano que tanto le gustaba a ella. Vaya, el malentendido parecía haberse aclarado; el conductor arrancaba de nuevo y el pasajero polizón ya no estaba en el interior del vehículo, ni tampoco estaba la persona que ocupaba el asiento que había delante del suyo; en algún momento entre sus pensamientos y la discusión del conductor con aquel extraño pasajero que no pudo subir, su compañero silencioso de viaje también había descendido del vehículo.
Aunque la verdad, Ernesto tampoco había intentado entablar conversación alguna con él o ella, sinceramente no le había prestado más atención que la de obligada curiosidad al verlo de repente sentado delante de él. Un regalo, tenía que llevar a Clara un regalo además de las rosas, algo que durase más que la fragancia y el color de aquellas rosas, algo más perenne, como sus intenciones hacia ella, quizá un broche o una pulsera, a Clara le gustaban los búhos como adornos, quizá un broche con forma de búho.
El autobús frenó suavemente y dos personas más bajaron de él; ¡un momento!, aquel que bajaba era Sancho, su compañero de cuarto en el colegio mayor de la universidad.
-           Sancho, Sancho.

Nada, no le había oído; se acercó a la ventana por si podía verlo o llamar su atención de alguna otra forma, pero todo estaba oscuro aún, no había forma de ver dónde se dirigía su antiguo amigo o de que él le viese a través de los cristales de la ventanilla. En fin, intentaré dormir; quien sabe si a lo mejor me despierto en casa. Ernesto apoyó la cabeza en el respaldo del asiento, se dejó mecer por el ronroneo del autobús y cerró los ojos.
-          Ernesto despierta, ésta es tu parada.
El conductor, un hombre de rostro intemporal, le sacudía suavemente por los hombros
-          ¡cómo, cómo!, pero si yo no he pedido bajar.
-           tienes que bajar, ésta es tu parada.
-          ¿pero, dónde estoy, cómo he llegado aquí? Usted debe saber cómo llegué y el trayecto de mi viaje.
-          Tienes que bajar, Ernesto; aquí es donde me dijiste que te avisara para bajar, hasta aquí tienes pagado el billete, el resto del viaje debes hacerlo por tu cuenta y por tus propios medios, amigo, ¡buena suerte!
Antes de darse cuenta de cómo exactamente lo había hecho, Ernesto se encontraba tras las puertas del autobús; el vehículo arrancó sin él. Ernesto empezó a caminar sin saber exactamente dónde se encontraba. ¡Qué curioso, empezaba a sentirse ligero!, ¿qué hora sería? Al mirar la esfera de su reloj, se dio cuenta de dos cosas, la cadena de su reloj le quedaba grande en la muñeca y la camisa también.
-          ¿Vaya, qué es lo que parece enredarse entre mis piernas?
El pantalón empezaba también a quedarle grande, demasiado grande y demasiado deprisa.


-          Es un sueño, está claro.
Ernesto siguió caminando en la noche, mientras sus ropas cada vez le quedaban más holgadas y su figura parecía empequeñecer por momentos; o quizás era el efecto que causaban esas ropas cada vez más holgadas que llevaba puestas.
-           No importa, esto es solo un sueño.
Ernesto siguió caminando hacia la noche, hasta confundirse con la oscuridad.

domingo, 2 de septiembre de 2012

NO ME PIDAS QUE CANTE.


Hasta siempre Vicente, que las musas te acompañen en tu viaje a la eternidad.

A Vicente Martin.

 
NO ME PIDAS QUE CANTE.

 

Nadie sabe que prisa te detiene,

es cierto.

Pero no me pidas que te cante.

Yo prefiero deshojar tus silencios

engarzados de palabras,

y tal vez saborear algún guiso de tertulia

literaria bajo el roble.

¡Son tan frondosas sus ramas!

que pueden cobijar varios años.

 

No me pidas que te cante

cuando rendido, te dedicas

a escribir poemas de conformidad

acentuados por las circunstancias.

Hoy he descubierto que no es cierto

que el sol queme la piel

cuando ausente la conversación

proyectas la sombra de tus pronósticos

sobre el calendario.

 

Debe ser – seguramente- que los jardines

del infante conservan la huella de tu paso

sobre el césped encanecido por el descuido.

No, no me pidas que te cante cuando marches

aunque vaya en el oficio y esté presto el laúd.

No soy dado a los himnos y fanfarrias sociales.

 

Yo te cantaré, sí, cuando el alma desgrane

los minutos melancólicos sobre aquella

sonrisa invertida.

Cuando llueva y las mejillas desborden

sobre los labios… entonces, yo te cantaré.