A TODA ESA GENTE.
Tal vez, y sólo tal vez,
cuando no permanezcas ni en el recuerdo
de los gusanos que devoraron tu carne putrefacta,
permanezca vivo el eco de mis sentires.
Cuando cansado de arrastrarte por el mundo,
carcomido por tu veneno, desfallezcas,
vivirán mis pensamientos y emociones.
Puedes golpearme con la cobardía de tus injurias
y yo escupiré mi desprecio
sobre la mordaza de tus insidias.
Atropéllame si lo deseas, me levantaré.
Ni al destierro puedes condenarme
ya que tus dominios no se extienden más allá
del cubil de las serpientes.
Tal vez, y sólo tal vez,
cuando no quede de ti ni el vestigio
de la ponzoña que sembraste
y tus huesos calcinados por los años, enmudezcan,
yo profanaré tu tumba, silente al fin,
con la huella de mis versos.
Ecos, voces, silencio es un blog de carácter literario. En el podrán encontrar poemas, relatos cortos, micro relatos o reflexiones del autor. Todos los poemas, relatos cortos o micro relatos publicados al igual que el propio Blog tienen registrada la propiedad intelectual y protegidos sus derechos por una sociedad de autores. REGISTRADA LA PROPIEDAD INTELECTUAL 00/2011/5842 AV-34-11.
viernes, 15 de marzo de 2013
viernes, 8 de marzo de 2013
Madre Inmaculada
Madre inmaculada, ya sale el cordero
con la carne desgarrada y la afrenta
desplegada sobre el santo cuerpo.
Qué dócil camina y que poco se lamenta,
Madre de los dolores, aferrado a su madero
aquella condena a muerte, con rostro de Nazareno.
Rompe en mil pedazos tu manto
María, por hacer pañuelos de espanto
que yo quiero llorar contigo
aquel caminar cargado bajo corona de espino.
¿Tanto pesan mis pecados por la sangre de tu hijo
qué camina entre quebrantos con el madero bendito?
¿Tanto, tanto pesan que lo arrojan tres veces al suelo?
Dulce y triste María, quiero caminar contigo
y llorar por el hijo que va al calvario cargado
con la cruz de mis pecados sobre el rostro ensangrentado.
Madre de misericordia quiero hacer mío tu duelo
besar tus lágrimas benditas por aquel hijo perdido.
Ya ha llegado al monte del calvario el cordero
y los viles legionarios desnudan de ropas su cuerpo.
Mira, ya lo tumban desnudo sobre la cruz.
Y los cielos aventan nubes y vientos.
Como llora y oscurece el firmamento
mientras levanta el madero, crucificada la luz.
con la carne desgarrada y la afrenta
desplegada sobre el santo cuerpo.
Qué dócil camina y que poco se lamenta,
Madre de los dolores, aferrado a su madero
aquella condena a muerte, con rostro de Nazareno.
Rompe en mil pedazos tu manto
María, por hacer pañuelos de espanto
que yo quiero llorar contigo
aquel caminar cargado bajo corona de espino.
¿Tanto pesan mis pecados por la sangre de tu hijo
qué camina entre quebrantos con el madero bendito?
¿Tanto, tanto pesan que lo arrojan tres veces al suelo?
Dulce y triste María, quiero caminar contigo
y llorar por el hijo que va al calvario cargado
con la cruz de mis pecados sobre el rostro ensangrentado.
Madre de misericordia quiero hacer mío tu duelo
besar tus lágrimas benditas por aquel hijo perdido.
Ya ha llegado al monte del calvario el cordero
y los viles legionarios desnudan de ropas su cuerpo.
Mira, ya lo tumban desnudo sobre la cruz.
Y los cielos aventan nubes y vientos.
Como llora y oscurece el firmamento
mientras levanta el madero, crucificada la luz.
sábado, 2 de marzo de 2013
EL RENACER
Claudio estaba asustado, ¿qué había pasado? Lo último que recordaba
era haberse quedado solo, sus amigos habían empezado a marcharse
del local, y él se quedó a tomar “la última”, recordaba también a aquella
chica que le invitó a fumar. Tal vez la mezcla de alcohol y drogas es lo
que le tenía tan desorientado en este instante. ¿Dónde estaba? Era una
habitación oscura, con olor a humedad, el aire flotaba rancio, saturado,
viscoso, agobiante como un espacio cerrado durante demasiado tiempo.
¿Estaría soñando? Un mal sueño, seguro, un extraño sueño producto de
sus abusos nocturnos. La cabeza le pesaba, tenía sed, mucha sed; no
podía moverse, un extraño frío recorría su interior, sentía además una
extraña rigidez en sus extremidades, como si le faltase el riego
sanguíneo en ellas. El cuello le latía con intensidad, como si las venas y
arterias que corrían por su interior tuviesen vida propia. Aguzó el oído,
nada, un silencio absoluto, espeso como el aire estancado de aquella
habitación.
Intentó recordar, se esforzó. Recordaba haber invitado a la chica a una o
varias copas, estuvieron charlando, no recordaba sobre qué,
seguramente las chorradas propias de una noche de juerga; la chica
volvió a invitarle a fumar, la verdad es que aquella yerba que le dio era
estupenda, no recordaba haber fumado nunca nada parecido, recordaba
aquella extraña sensación de vacío, era como si la chica y él estuviesen
flotando en un inmenso espacio, como si nada hubiese bajo sus pies,
sobre sus cabezas o a su alrededor. Ella le susurraba al oído, le
mordisqueaba el lóbulo de la oreja, le besó profundamente y salieron a
la calle juntos. Sí, ahora recordaba aquel paseo lleno de intenciones, la
chica le estaba poniendo a cien, caminaban sin rumbo aparente, las
calles y la noche les pertenecían, eso le dijo ella. También le dijo que
nunca olvidaría esa noche, que ella le daría lo que ninguna otra sería
capaz de darle, mientras sus manos recorrían sus muslos, ansiosas pero
expertas, recordaba aquel calor sobre la tela de sus tejanos, el fuego
que le inundaba, el deseo que le explotaba mientras la chica exploraba
todo su cuerpo con sus manos. Recordaba como aquel deseo creciente
odiaba aquellas calles que le separaban del cuerpo desnudo de la chica.
- ¡Vamos a mi casa! - La dijo- ¡Vamos a mi casa!
- Tranquilo, déjame hacer a mí, te llevaré a un lugar donde todo es
posible, a un lugar donde no hay límites, y allí tendrás mucho más de lo
que esperas, tendrás incluso lo más inesperado.
- ¡Cómo te llamas, aún no sé ni tu nombre y lo quiero todo de ti!
- Morgana, me llamo Morgana; y como te dije tendrás todo y más.
Recordaba aquella fachada lúgubre, aquel portón de madera con su escudo
nobiliario tallado en la piedra. Sobre la noche y sus sombras se recortaba la
silueta de un viejo caserón; eran comunes en ciudades como la suya, ciudades
con aires medievales, ciudades que conocieron muchas noches como esta a
través de los siglos.
- Esta es la casa de mi familia, aquí estaremos bien, nadie nos molestará
en ella, y adentro tenemos todo lo que necesitamos.
- Todo lo que yo necesito lo tienes tú, lo tienes bajo tu ropa, lo tienes en
esa boca que me incendia en cada beso, en esas manos que me atan
en cada caricia, como dos correas de terciopelo.
- Entra, entra; como si fuese tu propia casa.
Tras la puerta, una enorme sala con columnas de piedra, y entre dos de
aquellas columnas el comienzo de una escalera, qué ascendía sinuosa hasta la
primera planta, del alto techo colgaba una enorme lámpara, muy antigua, todo
allí era de otro siglo, todo menos Morgana, y la impaciencia de Claudio por
llevarla a la cama.
- ¿Dónde vas Claudio? No tengas tanta prisa por conocer esa escalera o
las habitaciones a las que conduce. Ven, ven conmigo.
Tras aquellas columnas una puerta, tras la puerta una gran sala a modo de
comedor, una larga mesa de madera presidia en su centro, en una esquina una
chimenea apagada, algún arcón pegado en sus paredes, cuadros, un enorme
mueble también de madera, y alfombras sobre un enlosado de piedra.
- Ven, tomemos un coñac, es de nuestra bodega, tiene más de trescientos
años, para ocasiones especiales. Y tú, Claudio, eres una de esas
ocasiones especiales; me gustas mucho, por eso estás aquí; si no te
hubiese tomado en serio ahora estarías tirado en la calle, solo. ¡Ven,
ven! Brindemos por ti y por mí, por el comienzo de algo nuevo.
- Por nosotros Morgana, por lo que tú quieras, me tienes hechizado, soy
incapaz de negarte nada esta noche.
- Yo no me apareo por noches, soy algo chapada a la antigua, ya te dije
que estás aquí porque me gustas mucho, salud Claudio.
Tras el brindis llegó un beso, aquellos labios golosos de Morgana se pegaron a
los suyos, suaves, calientes y húmedos como el licor que acababan de tomar.
Claudio se dejó llevar, ella era como un torrente que arrastraba su voluntad y
sus deseos hasta su cuerpo, Morgana le recorría la piel con sus labios
traviesos, la boca, mordisqueando sus labios, el cuello, la nuca, mientras, sus
manos acariciaban su espalda y su pelo. De repente sintió un calor intenso, se
notó mareado, todo empezaba a darle vueltas, todo se volvió negro a su
alrededor. Después de eso, nada, nada hasta este instante, nada hasta este
extraño despertar.
La oscuridad empezaba a diluirse entre el brillo mortecino de unas velas, sí, era
Morgana con un candelabro en sus manos, miró a su alrededor, estaba en una
vieja cama con dosel, en una habitación con todos los postigos cerrados. Ella
se acercaba, llevaba una especie de camisón largo y vaporoso, bajo él, solo su
cuerpo, solo esa piel que había encendido sus ansias.
- ¡Ya te has despertado cariño! Me alegro, espero que hayas descansado,
has dormido todo el día sabes, es casi medianoche; bienvenido al primer
despertar de tu nueva vida, junto a mí. Estarás hambriento, estoy
segura.
La verdad es que sí, estaba hambriento, una extraña sensación le recorría,
necesitaba alimentarse, pero no, no era alimento sólido lo que su cuerpo
reclamaba, era... otra cosa.
Morgana sonrió, le besó; su boca entreabierta dejaba ver dos afilados incisivos,
y unas gotas carmesíes bajo sus labios.
- Ya te dije que te daría lo que ninguna otra podría darte, una vida eterna.
Vamos Claudio, te enseñaré a cazar; no te preocupes por mí, yo ya he
cenado.
miércoles, 9 de enero de 2013
SCATTERGORIES.
Hoy llueve acero sobre
un suelo de cristal
y el viento llora
encolerizado entre la espesura
quebradiza de la
cotidianidad engañosa
de tantas cosas que
nunca fuimos,
que nunca llegaremos a
ser,
que nunca alcanzaremos
con los dedos amputados.
Hoy los cristales están
tan sucios
que no alcanza a
distinguirse la pereza persistente
del asfalto acongojado
por aceras
de viandantes fantasmáticos.
Hoy que nada es real,
es cuando todo comienza
a cobrar sentido, y el
absurdo es un amor
que se despide
aburrido por la lógica del día a día
de unas sábanas
desgarradas.
Creo recordar la
sombra desdibujada de mil anatemas
y restos del banquete
de la razón esparcidos entre vidrios
de otros tantos
brindis al sol.
Pero hoy amanece
nublado
y una niebla persistente
atenaza el futuro, lo
estrangula
con el nudo corredizo de
una corbata
de diseño a juego con la cartera personal
y hereditaria de los
señores feudales
de la miseria y
desdicha.
Es la hora de los
enanos,
la hora siniestra de los bufones
que borraron la
sonrisa existencial
y el derecho a la
existencia.
Creo recordar el cadáver
de la libertad
bailando una danza
macabra
entre dos leones y
miles de hienas
jugando al Scattergories con su cadáver.
viernes, 4 de enero de 2013
MENOS ES MÁS
¿Qué es todo, cuándo todo cabe en tu corazón?
¿Qué es nada, cuando nada lo significa todo?
Trotamundos errante en el tío vivo de la vida.
En ocasiones jinete
eventual de las circunstancias
de cualquier caballito de cartón.
A veces autoestopista sin sentido de la orientación,
perdido en el bullicio que se forma en el giro
interminable, aturdido por la sonoridad del sinsentido
urbano.
Prefiero tomarme un descanso antes de seguir
haciendo senderismo por los titulares mediáticos
o esquelas inacabadas con fecha de caducidad.
Tal vez cobijarme bajo las ramas eremitas
de la espiritualidad, allí donde no llega la abrasión
producida por las rebajas de enero en cualquier lugar
del calendario establecido por el Corte Inglés de turno.
Debe ser que hace tiempo cayó de mis manos adormecidas
la bolsa biodegradable y ecologista cargada con las
frustraciones
del consumismo social, y me encontré con las manos
llenas:
De sentimientos para compartir.
De abrazos para regalar.
De palabras para consolar.
De intenciones.
De lágrimas que enjugar con las yemas de los dedos.
O poemas por escribir.
Y es en ese
preciso instante cuando comprendo
que nada lo significa todo, y la totalidad de todo
se reduce a una inmensa nada artificial creada
por cualquier moda destinada a vaciarnos los bolsillos
ocupando un lugar prescindible en los estantes del alma.
¿Me estaré volviendo por fin más sabio,
o sencillamente más humano?
Tal vez la verdadera riqueza está tan escondida
entre tantas etiquetas rebajadas de precio
que resulta imposible de encontrar con los ojos abiertos,
y el corazón cerrado. Los bolsillos cargados
son un lastre que nos hunde en la marisma.
Cadáveres con los ojos abiertos flotando
en los pasillos de cualquier centro comercial
rodeado a su vez por los vivos que perdieron
incluso la oportunidad de vivir:
Unos seres molestos que recuerdan
que existe la conciencia con las manos
extendidas hacia la muerte que pulula
cargada con bolsas y más bolsas repletas
de superficialidad.
lunes, 31 de diciembre de 2012
CUENTO DE NAVIDAD.
Érase una vez un niño que nació en un lejano reino del que apenas quedan
las ruinas y aún esas escondidas entre la maleza espinosa de discursos
demagógicos. Un niño que creció como tantos otros creyendo que la justicia y el
bien siempre prevalecen y los malvados terminan por pagar la cuenta de sus
injusticias. El tiempo pasó y el niño se hizo hombre, pero un hombre con el
corazón de niño. Un hombre en busca de respuestas a sus antiguas creencias. En
el camino de su búsqueda creyó encontrar la respuesta en la razón; pero la
razón es algo que todos quieren tener, aún mintiendo en el empeño de
conseguirla, el hombre niño que una vez fue sólo niño se entristeció al
comprobar que la razón no sirve cuando la razón deja de servir a la verdad, y
en su camino en busca de respuestas halló la Fe en un rinconcito del corazón,
justo en el rinconcito que tenía en usufructo el niño que nunca dejó de ser del
todo. Pero un niño en un mundo despiadado está condenado de antemano a sufrir
por su ingenuidad, aquella misma que siempre le indicó que la verdad no
necesita de enrevesados discursos para demostrarse ya que la verdad se
demuestra con sencillez. Pero la verdad carece de importancia en el reino en
ruinas, y su falta es más devastadora que todas las plagas bíblicas juntas. El
hombre-niño cansado de buscar respuestas sobre la verdad en la razón
prostituida decidió buscar consejo en el más sabio de los hombres, pero también
falló en el intento ya que incluso el más sabio de los hombres pretende tener
la razón de su parte en lugar de intentar defender la verdad con el argumento
de la razón, y cansado de buscar, el hombre-niño que una vez fue sólo niño se
durmió para soñar que escapaba de la pesadilla diaria de un reino asolado, tan
pobre y mísero que no conocía el significado del amor, que premiaba la vileza y castigaba la virtud
allá donde la encontrase. Y en medio de sus sueños una voz le despertó y le
dijo ¿qué buscas inútilmente en el mundo, acaso no sabes que las respuestas a
tus preguntas son más antiguas que él y es inútil tu propósito? ¿Cómo pretendes encontrar la verdad a través
de la razón, si la verdad existe por sí misma y la razón existe para confundir
la verdad? Ven, ven conmigo pues yo soy tu respuesta y el camino que buscabas,
ven conmigo pues yo soy el padre de todos los hombres, que al igual que tú
siguen siendo niños y necesitan de mí. No te daré riqueza alguna, al contrario,
te enseñaré a comprender que los bienes materiales te encadenan a la necesidad
de poseer más y sólo la pobreza y humildad es la antesala de la verdadera
libertad. No te daré tampoco el poder de juzgar, castigar o terminar con la iniquidad
humana, pues ese derecho tan sólo me corresponde a mí y la única manera de
terminar con ella es hacer comprender al hombre que la iniquidad termina por
destruir incluso a quienes la adoptan como forma de vida. Sin embargo te daré
lo más importante, te daré la vocación de consolar a los afligidos, a los
perseguidos, a las víctimas de la iniquidad que tu corazón desea extirpar del
mundo. No temas, no estarás sólo ya que hay más pequeñines como tú y les
conocerás porque te llamaran hermano y tú les llamarás hermanos a tu vez. Y el
niño despertó feliz y nunca más estuvo triste o sintió miedo alguno ya que
desde aquel día el padre de todos los pequeñines estaba con él y también le dio
hermanos. Lo más bonito de este cuento de Navidad es que aún está muy lejos de
ver el final, ya que estas líneas son tan sólo el comienzo.
Feliz Navidad, Paz y Bien.
jueves, 27 de diciembre de 2012
NO- NATO
Un homenaje a las
víctimas inocentes del mayor holocausto de la historia humana, los niños que
mueren cada año en todo el mundo, aquellos que la sociedad y gobiernos han
confinado en las cámaras de gas de las conveniencias sociales y el lucrativo
negocio del aborto
Yo quise nacer, y no pude.
Quise nacer en el vientre
De una madre que tuvo madre
Que le dio la oportunidad
De vivir.
Soy el llanto de un niño
Asesinado que ya no podrá
Llorar, esperando
El consuelo de un abrazo maternal.
Condenado a perpetuidad al frío
De la muerte,
Sin recibir más calor que el fuego
De la incineradora que quemó
El cuerpo del delito.
Mi pobre cuerpecito abrasado
Por las llamas de la incineradora
Social de la injusticia.
¡Culpable! Dijo la sociedad,
¡Culpable! Repitieron mis papás.
¿Culpable? ¿De qué?
No tuve palabras para defenderme,
Ni abogado, ni oportunidad.
Morí antes de nacer.
viernes, 21 de diciembre de 2012
CANTOS MALDITOS- Cantos VIII Y XVII
VIII.
¡Oh
amante tenebrosa!
¿Quién
te ofrendará carne inocente?
¿Quién
te cantará en toda tu magnificencia?
Cantatas,
coros fúnebres en réquiem
por los
que murieron,
por los
que van a morir
por los
que morirán.
Voces de
ultratumba, que entonan
en Do
Sostenido El Ave Maldita,
mutilando
con sus garras mutiladas
aquellas
manos llenas de sueños
y
manchadas de esperanzas.
Esqueletos,
armazones de huesos podridos
bajo
palios oscuros con cruces invertidas.
Más
allá, donde acaba el laberinto de luz
y nacen
las tinieblas,
allí
donde el reloj siempre toca la última hora,
y el cadáver
de un cuco se desliza elegante por su pasarela.
Basiliscos,
Arpías; dentelladas que desgarran la vida.
Arañas
negras que tejen sudarios y cortinas a juego.
Panteones
en cómodos plazos
y plazas
de garaje
para
ataúdes unifamiliares.
Cortesanos
del caos que hipotecan el alma
con las
huellas digitales de la sangre inocente.
Núbiles
doncellas recién destetadas
que
ofrecen sus pechos al asesino lactante.
Manos
atadas, mordazas de palabras encadenadas.
Miradas
vacías sobre las cuencas de los ojos muertos,
donde
teje su capullo el gusano de seda oscura
con
dientes de hiena y fauces de lobo.
¡Oh
desdichados!
No hay
donde esconderse
tenéis
una cita con la muerte
desde el
primer llanto.
XVII.
Soy tal
vez la metamorfosis
de mí
mismo.
Forjado
en las cavernas abismales
con el
yunque
del
desprecio y la negra pluma
del
cuervo carroñero
que
picotea las entrañas del alma
hasta
devorar la esencia.
Aquel
retrato que enmascara
las
negras intenciones
condenando
la apariencia
a una
engañosa inmortalidad
en la
que la juventud
es únicamente una mueca insaciable.
¡Oh
trovador oscuro!
Poeta
maldito que escribe
versos
de desesperanza.
¿Dónde
quedó la luz?
¿Dónde
el arcoíris que llevaba
el color
de la esperanza?
Fuegos
Fáusticos centellean
en las
pupilas
jugando
a ser destino incierto
en el
interior de un laberinto
donde no
queda
más
certeza, que la certeza
de la
muerte.
La noche
se dibuja entre los pliegues
de
mil folios
plagados
de ataúdes y cantos siniestros
con el
aria del lobo y sus colmillos
infectados.
El
páramo es un inmenso campo
de
siembra en el que florece
la
agonía.
Entre
flores putrefactas
libo el
aroma y el néctar del mal.
En aquel
eterno campo
salpicado
por lamentos
del
espíritu errante
trazo
los contornos
del
rictus amargo.
Allí,
donde nada crece
y el
gusano devorador
teje sus
capullos
de negra
seda
que dan
vida al buitre y el murciélago
y visten de color la túnica y el aquelarre
hilo
mortajas poéticas.
Ya no
queda sitio o existe
lugar
alguno,
todo
está perdido
entre un
espesa niebla relativa
que da a
luz niños muertos
y
calaveras sonrientes
con
monedas en los ojos
y
billetes en sus bocas
en
estado de descomposición.
En este
instante una lluvia
acida se
desliza
por los
ojos fallecidos de la vida;
dos
cristales que reflejan el horror
en un
espejo
de
absoluto silencio,
aquel en
que la muerte maquilla
sus
gestos
minutos
antes de entregarse
a su
trabajo.
Aquel en
que la viuda llora
y es
violada la núbil doncella
por
legiones de anatemas.
En la
morada del diablo tañe
la lira
de llamas
para acunar
el sueño de Azrael.
EL ESPEJO.
Mario paseaba por el viejo rastrillo, era un apasionado
de los objetos raros, antiguos; a ser posible con una extraña historia flotando
en torno a ellos.
A decir verdad la mañana le estaba resultando
bastante aburrida; montones de libros usados
que no ofrecían demasiada novedad a un eterno
buscador, objetos de cerámica, viejos muebles de madera, algún gramófono o
radio de principios del pasado siglo, los eternos puestos de sellos, billetes y
monedas, viejas condecoraciones. El pan nuestro de cada día en ese tipo de
mercadillos.
Aburrido de fisgonear, decidió hacer un alto
en su búsqueda para tomar una cerveza bien fría y un pincho, preferiblemente de
tortilla. Bajo los soportales, casi escondido entre dos esquinas
Se encontraba su tasca favorita, Casa Pepe,
una vieja taberna que anunciaba orgullosa el año de su apertura en un bonito
entramado de mosaico; 1910. El interior aunque reformado, conservaba aquel aire
añejo en su decoración, y tras la barra un bisnieto del fundador, y amigo suyo.
-
¡Buenos
días José, una jarra fría de cerveza y un pincho de tortilla!
-
¡Vaya,
buenos días Mario!, no te pregunto cómo ha ido porque te veo entrar con las
manos vacías.
-
Sí,
la verdad es que hoy no me sonríe la suerte, esto empieza a estar demasiado
trillado, cada día cuesta más encontrar algo que merezca la pena. Creo que
empiezo a venir solo por tu tortilla y la conversación.
-
Pues
hablando de conversaciones Mario, ¿Sabes quién ha muerto? El Señor Cornelio. Un
infarto fulminante, lo encontraron ayer noche tras el mostrador de su tienda,
la verdad, es algo extraño pues a pesar de su edad nunca tuvo problemas
cardiacos, lo más raro de todo, según comentan los mentideros era la expresión
de su cara, una fría mueca de espanto. Lo curioso es que no falta nada en su
tienda, ni dinero ni objetos de valor, nada que pueda presagiar un intento de
robo. Es como si simplemente hubiese visto a la muerte venir por él.
-
¡Vaya,
echaré de menos las conversaciones con el viejo anticuario! Era todo un
erudito, todo un personaje; llegué a apreciarle bastante.
-
Y
él a ti Mario, te consideraba cómo de su familia, la verdad es que estaba
bastante solo, de hecho no ha llegado nadie aún a reclamar su cuerpo. Creo que
tiene una hija pero la verdad, nunca la vi por aquí. La policía está haciendo
algunas preguntas por el barrio, pura rutina.
-
En
fin me marcho, haz el favor de avisarme para su entierro, me gustaría acompañar
al viejo hasta su última morada, no creo que vaya mucha gente y lo menos que
merece el pobre Cornelio es que le acompañe hasta el final.
Tal y como supuso Mario, no fue demasiada
gente a despedir al pobre anciano apenas 20 personas; entre las que se
encontraban él mismo, su amigo José, algunos compañeros de comercio del barrio
y aquella hija que nunca habían visto en todos aquellos años de trato con el
difunto Señor Cornelio, un hombre por otra parte, bastante reservado en lo
tocante a su vida familiar y personal, un hombre que nunca les habló de aquella
hija que ahora tenían ante ellos. La verdad es que la chica era una autentica
belleza, tenía unos ojos penetrantes, oceánicos, y negros como una noche.
Podría decirse de ellos, que hablaban en cada una de sus miradas; de figura
estilizada y una negra y larga cabellera que le llegaba casi hasta la cintura.
-
Vosotros
sois Mario y José supongo, los amigos de mi padre; gracias por venir, mi nombre
es Dagda.
-
De
nada, soy Mario y él es José, encantados de conocerte, aunque las
circunstancias no sean las más adecuadas. ¿Por cierto, Dagda? Un nombre muy
curioso.
-
Sí,
mi padre llevaba sus aficiones y su pasión más allá de sus negocios, toda su
vida giró en torno al pasado; incluyendo el nombre de su hija. Por cierto
Mario, cuando tengas tiempo debo hablar contigo, mi padre te ha dejado algo, te
agradecería que pasases por la tienda en cuanto puedas, tengo intención de
inventariar todo y liquidar el negocio para volver a marcharme. Parece ser que
te ganaste su aprecio a pulso, no te deja una bagatela precisamente.
-
Vaya, reconozco que estas despertando mi
curiosidad, compartía con tu padre esa pasión por las antigüedades, por las
viejas leyendas y mitos. De ella nació nuestra amistad precisamente. Haremos
algo Dagda, te dejo mí número de móvil y estamos en contacto.
La vieja tienda estaba como siempre, con ese
olor tan peculiar a años pasados. El local era muy espacioso, lleno de estantes
en los que se podían ver los más extraños objetos, cajones y vitrinas, y todo
alrededor, viejos arcones, maniquíes con ropas de otros siglos, incluso un par
de enormes pianos, y algún que otro instrumento musical más. El Señor Cornelio
era un verdadero anticuario, un hombre capaz de conseguir las piezas más
extrañas, las más exóticas rarezas. Había sido un hombre con muchos contactos,
alguien que amaba su profesión, alguien que hizo de su pasión una forma de vida
hasta el final. Aún flotaban en el ambiente y los recuerdos de Mario tantas
conversaciones sobre los viejos mitos y leyendas de otras culturas, sobre los
antiguos Dioses paganos.
-
Gracias
por venir Mario, espera un momento, voy a buscar el paquete que te dejó mi
padre, aunque mejor será que me ayudes, es algo grande y pesado para traerlo
yo.
Mario acompañó a Dagda al interior, a la
trastienda, una habitación casi tan grande como la tienda en sí, allí había
infinidad de objetos embalados y sin embalar, con etiquetas que anunciaban su
procedencia, antigüedad y destinatario.
-
Ese
paquete es el tuyo Mario, te garantizo que te llevas algo muy valioso, un
objeto que lleva muchos años en la familia.
El paquete tenía algo más de un metro de
altura, por unos cuarenta centímetros de ancho.
¿Un cuadro tal vez? En fin, ya lo averiguaría
al llegar a casa. Dagda le entregó también un sobre cerrado, con su nombre
escrito.
-
Toma,
mi padre también te dejó esta carta.
-
Gracias
por todo, supongo que seguiremos en contacto ya que tienes mi numero.
-
Sí
Mario, seguiremos en contacto, de eso estoy segura.
Mario conducía con cierta impaciencia, ¿qué
le habría dejado el viejo? El paquete acomodado en el asiento trasero de su
Renault Megane parecía burlarse de su curiosidad durante el trayecto.
-
¡Por fin en casa! Exclamó al cerrar la puerta
de su apartamento tras de él.
Con
extremo cuidado, a pesar de la impaciencia que le anegaba, fue desenvolviendo
aquel paquete. ¡Vaya, era un extraño espejo! Un marco de bronce con símbolos
rúnicos, la superficie del espejo era de plata, muy pulida, hasta conseguir un
nítido reflejo. No sólo era muy antiguo, era además muy valioso. La carta
estaba a su lado, aún sin abrir, Mario la miraba desconcertado. ¿Qué habría
impulsado al pobre anciano a dejarle esa fortuna? No conseguía entenderlo. Si
el viejo hubiese estado solo en el mundo, tal vez, pero tenía a su hija; y sin
embargo le había entregado ese valioso espejo a él. Lo mejor era leer la carta
y salir de dudas:
-
Estimado amigo.
Imagino que estarás muy desconcertado en este momento, puedo adivinar
las preguntas que debes estar haciéndote en este mismo instante.
¿Por qué me deja a mí este valioso espejo?
¿Por qué no a su hija?
¿Qué puede haber visto en mí, para hacerme merecedor de tan valioso
obsequio?
¿Cuánto puede valer si me decido a venderlo?
Empezaré a responderte que si te decides a venderlo tendrías la vida
resuelta, pero sé que no lo harás, con esto respondo a dos de las preguntas que
seguramente te has hecho.
Te lo dejo a ti, porque creo que entenderás que su verdadero valor va
mucho más allá de lo económico, es una verdadera rareza, de las que te gustan
tanto, su origen se pierde atrás en los tiempos. Este espejo, querido amigo te
enseñará todo lo que desees ver, y quizás algunas cosas que no desearías ver
nunca; entraña ciertos riesgos su uso, hagas lo que hagas no permitas que indague en tu interior,
en tus más íntimos
deseos o ambiciones. Si
consiguiese hacerlo se apoderaría de tu alma, y entonces te aseguro que no hay
escape alguno, vayas donde vayas serás suyo. Mucho cuidado amigo, no existe
lugar donde esconderse de su poder.
Mi hija está vinculada a él, como todas las mujeres de mi familia desde
hace generaciones. Digamos que es en cierta forma, su guardiana; por ese motivo
no debe tenerlo ella. Lo normal es que pase a los varones de la familia, pero
nunca tuve hijos varones, y mi sobrino, destinado a poseerlo tras mi muerte
falleció hace años de manera extraña.
Por ese motivo el vínculo que une el espejo a mi sangre queda roto tras
mi fallecimiento, y por ese motivo debo traspasarlo a alguien de mí confianza,
en este caso tú. No puedo explicarte con todo detalle lo que necesitas saber,
eso es algo que tendrás que averiguar por ti mismo. Úsalo con prudencia amigo,
te tenderá trampas para liberarse de ti, pero está obligado a obedecerte en tus
deseos; debo explicarte también que es una puerta al pasado, al futuro, y a
otros mundos que desconoces, el peligro que entraña es precisamente el afán que
pueda despertar en tu sed de conocimiento. Como te dije antes, escrudiñará en
lo más profundo de ti mientras te sirve, buscando un punto débil, procura que
no lo encuentre. Para vincularlo a ti debes apoyar el dedo corazón de tus manos
sobre los símbolos que hay en los extremos superiores del marco, al mismo
tiempo que pronuncias tú nombre.
Esto es todo lo que puedo decirte amigo, la decisión de aceptar este don
que te ofrezco es solo tuya.
Atentamente.
CORNELIO
Desde luego este era
un día de sorpresas, Mario no tenía claro si el viejo había perdido el juicio
al escribir esa carta, o conocedor de su pasión por los mitos, intentaba
simplemente burlarse de él allá donde estuviese en este instante.
Se miró las manos,
concretamente cada uno de sus dedos corazón, aquellas extrañas runas en el
borde del espejo parecían esperar, burlonas. Se acercó a ellas con los dedos
extendidos, empezó a acariciar los relieves rúnicos; de repente un destello
sobre la superficie bruñida, sin saber cómo, su nombre se le escapó entre los
labios. Una luz cegadora inundo aquella habitación.
-
Hola
Mario, ¿Te pongo lo de siempre?
-
¡Buenos
días! No, solo un café. Oye, ¿Sabes que ha pasado con la tienda del Señor
Cornelio?
-
Pues
parece ser que al final no se ha vendido, la hija la dejó cerrada. Dijo que no
se sentía capaz de liquidar lo que fue la vida de su padre, creo que busca
alguien como arrendatario para mantenerlo tal cual. Bueno, cuéntame, ¿qué tal
tu regalo? Llevas semanas sin aparecer por aquí.
-
¿Mi
regalo? Sorprendente, un verdadero tesoro para alguien como yo.
Te aseguro que ha cambiado mi vida
totalmente amigo.
-
Bueno,
mientras sea para bien. Pero eso no te da derecho a dejar de visitar a los
amigos con cierta frecuencia, me tenías algo preocupado; te he dejado varios
mensajes en el móvil, aunque casi siempre lo tienes desconectado. Llevas casi
dos semanas sin dar señales de vida.
-
Perdona,
tienes toda la razón, supongo que me ha trastocado un poco todo lo sucedido
desde el funeral, y reconozco que se me ha metido en la cabeza la hija de
Cornelio, creo que me estoy obsesionando con ella.
-
¡Chico,
llámala, tienes su número!
-
Tienes
razón, después intentaré hablar con ella.
-
¿Qué,
otro cafecito para el abuelete? O prefieres una jarra fresca de cerveza y un
pinchito de mi deliciosa tortilla de patata.
-
No
gracias, creo que marcho ya, cuando llegue a casa intentare hablar con Dagda.
-
Pues
nada campeón, un abrazo y suerte con la chica, la verdad es que está de muerte.
Camino de su casa, Mario no conseguía
quitarse a Dagda de la cabeza, era como un pensamiento remachado a fuego en su
cerebro. Necesitaba verla, le había mentido a José, llevaba dos semanas
llamando a un teléfono que no respondía a sus mensajes.
¡Un momento, el espejo claro! A través de él
podría verla, comunicar con ella, el viejo lo dejó escrito, ella era en cierta
forma su guardiana.
Le falto tiempo para cerrar la puerta de su
apartamento y dirigirse al espejo. Apoyó sus dedos sobre los símbolos, allí
estaba el destello; ¡Dagda, Dagda! De repente, la luz cegadora de nuevo. La
pantalla empezó a reflejar una imagen, ¡era ella, allí estaba! un momento, sus
manos se extendían hacia él, sus ojos negros le miraban intensamente: ¡Ven,
ven, coge mi mano!; parecían decirle. Mario estaba como hipnotizado, aquellos
ojos le miraban como algo suyo, aquellas manos extendidas hacia él... ¡Oh,
Dios, cuanto había soñado con esto! Ella le quería, le llamaba, era suya; sólo
tenía que coger su mano en aquel reflejo, y ella vendría.
Sin saber cómo, sus manos empezaron a
acariciar el reflejo de Dagda en la superficie plateada, su pelo, su cara, sus
manos. De repente, un extraño fulgor azabache pareció apoderarse de toda la
habitación, devorando a su paso la luz mortecina del atardecer.
-
Hola
Dagda, parece que estamos destinados a encontrarnos en las situaciones más
difíciles.
Aquellos ojos, negros como un eclipse,
profundos como un misterio estaban clavados en José; parecían llamarle en cada
mirada.
-
Es
cierto, parezco una portadora de malos augurios. ¿Se sabe algo más de Mario?
-
No,
es como si se hubiese marchado con lo puesto, eso dicen. Aún no dejan entrar en
su casa.
-
¡Tengo
algo qué decirte José! Al llegar me pasé por la tienda de mi padre, dejé a Mario
una copia de la llave. En la trastienda
encontré esta carta para ti, y un paquete.
José miro aquel sobre
con su nombre escrito, desde luego la letra era de Mario, qué extraño motivo le
impulsaría a marcharse sin decir nada. Quién sabe, tal vez en aquella carta y
el paquete que la acompaña encontraría respuestas a la extraña desaparición de
su amigo Mario.
-
¿Por
qué no me acompañas a la tienda y vemos lo que te ha dejado Mario?
-
Sí,
tienes razón.
José caminaba al lado
de Dagda hacia la tienda, que extraño, apenas se habían visto tres o cuatro
veces, sin embargo la sentía tan cercana, como sí una extraña complicidad se
extendiese entre ellos. La puerta de la vieja tienda de antigüedades desprendía
un extraño fulgor plateado, al igual que el escaparate. Seguramente Dagda se
habría dejado alguna luz encendida.
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