lunes, 1 de abril de 2013

PRESENTACIÓN DE EN EL CAMINO

UN POEMA EXTRAVAGANTE.

A veces siento que juego al escondite


con la vida o viceversa.



Un viejo retrato olvidado

en el cuarto oscuro,

olvidado a su vez entre ángulos muertos.



Negativos esparcidos por el tablero,

fichas de ajedrez extraviadas

y un viento vespertino que recorre el panorama.



Una locomotora averiada

remolcando interrogantes

por una vía muerta.

Semáforos apagados

y un paso de cebra sin cebra.



Varios puntos suspensivos

y un final extravagante

que espera el perdón del lector.



En fin, rarezas de poeta.

viernes, 15 de marzo de 2013

En el camino, mi nuevo poemario

A TODA ESA GENTE.






Tal vez, y sólo tal vez,

cuando no permanezcas ni en el recuerdo

de los gusanos que devoraron tu carne putrefacta,

permanezca vivo el eco de mis sentires.





Cuando cansado de arrastrarte por el mundo,

carcomido por tu veneno, desfallezcas,

vivirán mis pensamientos y emociones.





Puedes golpearme con la cobardía de tus injurias

y yo escupiré mi desprecio

sobre la mordaza de tus insidias.

Atropéllame si lo deseas, me levantaré.

Ni al destierro puedes condenarme

ya que tus dominios no se extienden más allá

del cubil de las serpientes.





Tal vez, y sólo tal vez,

cuando no quede de ti ni el vestigio

de la ponzoña que sembraste

y tus huesos calcinados por los años, enmudezcan,

yo profanaré tu tumba, silente al fin,

con la huella de mis versos.

viernes, 8 de marzo de 2013

Madre Inmaculada

Madre inmaculada, ya sale el cordero
con la carne desgarrada y la afrenta
desplegada sobre el santo cuerpo.
Qué dócil camina y que poco se lamenta,
Madre de los dolores, aferrado a su madero
aquella condena a muerte, con rostro de Nazareno.

Rompe en mil pedazos tu manto
María, por hacer pañuelos de espanto
que yo quiero llorar contigo
aquel caminar cargado bajo corona de espino.
¿Tanto pesan mis pecados por la sangre de tu hijo
qué camina entre quebrantos con el madero bendito?

¿Tanto, tanto pesan que lo arrojan tres veces al suelo?
Dulce y triste María, quiero caminar contigo
y llorar por el hijo que va al calvario cargado
con la cruz de mis pecados sobre el rostro ensangrentado.
Madre de misericordia quiero hacer mío tu duelo
besar tus lágrimas benditas por aquel hijo perdido.

Ya ha llegado al monte del calvario el cordero
y los viles legionarios desnudan de ropas su cuerpo.
Mira, ya lo tumban desnudo sobre la cruz.
Y los cielos aventan nubes y vientos.
Como llora y oscurece el firmamento
mientras levanta el madero, crucificada la luz.

sábado, 2 de marzo de 2013

EL RENACER

Claudio estaba asustado, ¿qué había pasado? Lo último que recordaba era haberse quedado solo, sus amigos habían empezado a marcharse del local, y él se quedó a tomar “la última”, recordaba también a aquella chica que le invitó a fumar. Tal vez la mezcla de alcohol y drogas es lo que le tenía tan desorientado en este instante. ¿Dónde estaba? Era una habitación oscura, con olor a humedad, el aire flotaba rancio, saturado, viscoso, agobiante como un espacio cerrado durante demasiado tiempo. ¿Estaría soñando? Un mal sueño, seguro, un extraño sueño producto de sus abusos nocturnos. La cabeza le pesaba, tenía sed, mucha sed; no podía moverse, un extraño frío recorría su interior, sentía además una extraña rigidez en sus extremidades, como si le faltase el riego sanguíneo en ellas. El cuello le latía con intensidad, como si las venas y arterias que corrían por su interior tuviesen vida propia. Aguzó el oído, nada, un silencio absoluto, espeso como el aire estancado de aquella habitación. Intentó recordar, se esforzó. Recordaba haber invitado a la chica a una o varias copas, estuvieron charlando, no recordaba sobre qué, seguramente las chorradas propias de una noche de juerga; la chica volvió a invitarle a fumar, la verdad es que aquella yerba que le dio era estupenda, no recordaba haber fumado nunca nada parecido, recordaba aquella extraña sensación de vacío, era como si la chica y él estuviesen flotando en un inmenso espacio, como si nada hubiese bajo sus pies, sobre sus cabezas o a su alrededor. Ella le susurraba al oído, le mordisqueaba el lóbulo de la oreja, le besó profundamente y salieron a la calle juntos. Sí, ahora recordaba aquel paseo lleno de intenciones, la chica le estaba poniendo a cien, caminaban sin rumbo aparente, las calles y la noche les pertenecían, eso le dijo ella. También le dijo que nunca olvidaría esa noche, que ella le daría lo que ninguna otra sería capaz de darle, mientras sus manos recorrían sus muslos, ansiosas pero expertas, recordaba aquel calor sobre la tela de sus tejanos, el fuego que le inundaba, el deseo que le explotaba mientras la chica exploraba todo su cuerpo con sus manos. Recordaba como aquel deseo creciente odiaba aquellas calles que le separaban del cuerpo desnudo de la chica. - ¡Vamos a mi casa! - La dijo- ¡Vamos a mi casa! - Tranquilo, déjame hacer a mí, te llevaré a un lugar donde todo es posible, a un lugar donde no hay límites, y allí tendrás mucho más de lo que esperas, tendrás incluso lo más inesperado. - ¡Cómo te llamas, aún no sé ni tu nombre y lo quiero todo de ti! - Morgana, me llamo Morgana; y como te dije tendrás todo y más. Recordaba aquella fachada lúgubre, aquel portón de madera con su escudo nobiliario tallado en la piedra. Sobre la noche y sus sombras se recortaba la silueta de un viejo caserón; eran comunes en ciudades como la suya, ciudades con aires medievales, ciudades que conocieron muchas noches como esta a través de los siglos. - Esta es la casa de mi familia, aquí estaremos bien, nadie nos molestará en ella, y adentro tenemos todo lo que necesitamos. - Todo lo que yo necesito lo tienes tú, lo tienes bajo tu ropa, lo tienes en esa boca que me incendia en cada beso, en esas manos que me atan en cada caricia, como dos correas de terciopelo. - Entra, entra; como si fuese tu propia casa. Tras la puerta, una enorme sala con columnas de piedra, y entre dos de aquellas columnas el comienzo de una escalera, qué ascendía sinuosa hasta la primera planta, del alto techo colgaba una enorme lámpara, muy antigua, todo allí era de otro siglo, todo menos Morgana, y la impaciencia de Claudio por llevarla a la cama. - ¿Dónde vas Claudio? No tengas tanta prisa por conocer esa escalera o las habitaciones a las que conduce. Ven, ven conmigo. Tras aquellas columnas una puerta, tras la puerta una gran sala a modo de comedor, una larga mesa de madera presidia en su centro, en una esquina una chimenea apagada, algún arcón pegado en sus paredes, cuadros, un enorme mueble también de madera, y alfombras sobre un enlosado de piedra. - Ven, tomemos un coñac, es de nuestra bodega, tiene más de trescientos años, para ocasiones especiales. Y tú, Claudio, eres una de esas ocasiones especiales; me gustas mucho, por eso estás aquí; si no te hubiese tomado en serio ahora estarías tirado en la calle, solo. ¡Ven, ven! Brindemos por ti y por mí, por el comienzo de algo nuevo. - Por nosotros Morgana, por lo que tú quieras, me tienes hechizado, soy incapaz de negarte nada esta noche. - Yo no me apareo por noches, soy algo chapada a la antigua, ya te dije que estás aquí porque me gustas mucho, salud Claudio. Tras el brindis llegó un beso, aquellos labios golosos de Morgana se pegaron a los suyos, suaves, calientes y húmedos como el licor que acababan de tomar. Claudio se dejó llevar, ella era como un torrente que arrastraba su voluntad y sus deseos hasta su cuerpo, Morgana le recorría la piel con sus labios traviesos, la boca, mordisqueando sus labios, el cuello, la nuca, mientras, sus manos acariciaban su espalda y su pelo. De repente sintió un calor intenso, se notó mareado, todo empezaba a darle vueltas, todo se volvió negro a su alrededor. Después de eso, nada, nada hasta este instante, nada hasta este extraño despertar. La oscuridad empezaba a diluirse entre el brillo mortecino de unas velas, sí, era Morgana con un candelabro en sus manos, miró a su alrededor, estaba en una vieja cama con dosel, en una habitación con todos los postigos cerrados. Ella se acercaba, llevaba una especie de camisón largo y vaporoso, bajo él, solo su cuerpo, solo esa piel que había encendido sus ansias. - ¡Ya te has despertado cariño! Me alegro, espero que hayas descansado, has dormido todo el día sabes, es casi medianoche; bienvenido al primer despertar de tu nueva vida, junto a mí. Estarás hambriento, estoy segura. La verdad es que sí, estaba hambriento, una extraña sensación le recorría, necesitaba alimentarse, pero no, no era alimento sólido lo que su cuerpo reclamaba, era... otra cosa. Morgana sonrió, le besó; su boca entreabierta dejaba ver dos afilados incisivos, y unas gotas carmesíes bajo sus labios. - Ya te dije que te daría lo que ninguna otra podría darte, una vida eterna. Vamos Claudio, te enseñaré a cazar; no te preocupes por mí, yo ya he cenado.

miércoles, 9 de enero de 2013

SCATTERGORIES.


  

Hoy llueve acero sobre un suelo de cristal

y el viento llora encolerizado entre la espesura

quebradiza de la cotidianidad engañosa

de tantas cosas que nunca fuimos,

que nunca llegaremos a ser,

que nunca alcanzaremos con los dedos amputados.

Hoy los cristales están tan sucios

que no alcanza a distinguirse la pereza persistente

del asfalto acongojado por aceras

de viandantes fantasmáticos.

 

Hoy que nada es real, es cuando todo comienza

a cobrar sentido, y el absurdo es un amor

que se despide aburrido por la lógica del día a día

de unas sábanas desgarradas.

Creo recordar la sombra desdibujada de mil anatemas

y restos del banquete de la razón esparcidos entre vidrios

de otros tantos brindis al sol.

 

Pero hoy amanece nublado

 y una niebla persistente

atenaza el futuro, lo estrangula

con el nudo corredizo de una corbata

 de diseño a juego con la cartera personal

y hereditaria de los señores feudales

de la miseria y desdicha.

Es la hora de los enanos,

 la hora siniestra de los bufones

que borraron la sonrisa existencial

y el derecho a la existencia.

Creo recordar el cadáver de la libertad

bailando una danza macabra

entre dos leones y miles de hienas

 jugando al Scattergories con su cadáver.

viernes, 4 de enero de 2013

MENOS ES MÁS


¿Qué es todo, cuándo todo cabe en tu corazón?

¿Qué es nada, cuando nada lo significa todo?

Trotamundos errante en el tío vivo de la vida.

En ocasiones jinete  eventual de las circunstancias

de cualquier caballito de cartón.

A veces autoestopista sin sentido de la orientación,

perdido en el bullicio que se forma en el giro

interminable, aturdido por la sonoridad del sinsentido urbano.

 
Prefiero tomarme un descanso antes de seguir

haciendo senderismo por los titulares mediáticos

o esquelas inacabadas con fecha de caducidad.

Tal vez cobijarme bajo las ramas eremitas

de la espiritualidad, allí donde no llega la abrasión

producida por las rebajas de enero en cualquier lugar

del calendario establecido por el Corte Inglés de turno.

 
Debe ser que hace tiempo cayó de mis manos adormecidas

la bolsa biodegradable y ecologista cargada con las frustraciones

del consumismo social, y me encontré con las manos llenas:

 

De sentimientos para compartir.

De abrazos para regalar.

De palabras para consolar.

De intenciones.

De lágrimas que enjugar con las yemas de los dedos.

O poemas por escribir.

 
 Y es en ese preciso instante cuando comprendo

que nada lo significa todo, y la totalidad de todo

se reduce a una inmensa nada artificial creada

por cualquier moda destinada a vaciarnos los bolsillos

ocupando un lugar prescindible en los estantes del alma.


¿Me estaré volviendo por fin más sabio,

o sencillamente más humano?

Tal vez la verdadera riqueza está tan escondida

entre tantas etiquetas rebajadas de precio

que resulta imposible de encontrar con los ojos abiertos,

y el corazón cerrado. Los bolsillos cargados

son un lastre que nos hunde en la marisma.

Cadáveres con los ojos abiertos flotando

en los pasillos de cualquier centro comercial

rodeado a su vez por los vivos que perdieron

incluso la oportunidad de vivir:

 

Unos seres molestos que recuerdan

que existe la conciencia con las manos

extendidas hacia la muerte que pulula

cargada con bolsas y más bolsas repletas

de superficialidad.

lunes, 31 de diciembre de 2012

CUENTO DE NAVIDAD.


Érase una vez un niño que nació en un lejano reino del que apenas quedan las ruinas y aún esas escondidas entre la maleza espinosa de discursos demagógicos. Un niño que creció como tantos otros creyendo que la justicia y el bien siempre prevalecen y los malvados terminan por pagar la cuenta de sus injusticias. El tiempo pasó y el niño se hizo hombre, pero un hombre con el corazón de niño. Un hombre en busca de respuestas a sus antiguas creencias. En el camino de su búsqueda creyó encontrar la respuesta en la razón; pero la razón es algo que todos quieren tener, aún mintiendo en el empeño de conseguirla, el hombre niño que una vez fue sólo niño se entristeció al comprobar que la razón no sirve cuando la razón deja de servir a la verdad, y en su camino en busca de respuestas halló la Fe en un rinconcito del corazón, justo en el rinconcito que tenía en usufructo el niño que nunca dejó de ser del todo. Pero un niño en un mundo despiadado está condenado de antemano a sufrir por su ingenuidad, aquella misma que siempre le indicó que la verdad no necesita de enrevesados discursos para demostrarse ya que la verdad se demuestra con sencillez. Pero la verdad carece de importancia en el reino en ruinas, y su falta es más devastadora que todas las plagas bíblicas juntas. El hombre-niño cansado de buscar respuestas sobre la verdad en la razón prostituida decidió buscar consejo en el más sabio de los hombres, pero también falló en el intento ya que incluso el más sabio de los hombres pretende tener la razón de su parte en lugar de intentar defender la verdad con el argumento de la razón, y cansado de buscar, el hombre-niño que una vez fue sólo niño se durmió para soñar que escapaba de la pesadilla diaria de un reino asolado, tan pobre y mísero que no conocía el significado del amor,  que premiaba la vileza y castigaba la virtud allá donde la encontrase. Y en medio de sus sueños una voz le despertó y le dijo ¿qué buscas inútilmente en el mundo, acaso no sabes que las respuestas a tus preguntas son más antiguas que él y es inútil tu propósito?  ¿Cómo pretendes encontrar la verdad a través de la razón, si la verdad existe por sí misma y la razón existe para confundir la verdad? Ven, ven conmigo pues yo soy tu respuesta y el camino que buscabas, ven conmigo pues yo soy el padre de todos los hombres, que al igual que tú siguen siendo niños y necesitan de mí. No te daré riqueza alguna, al contrario, te enseñaré a comprender que los bienes materiales te encadenan a la necesidad de poseer más y sólo la pobreza y humildad es la antesala de la verdadera libertad. No te daré tampoco el poder de juzgar, castigar o terminar con la iniquidad humana, pues ese derecho tan sólo me corresponde a mí y la única manera de terminar con ella es hacer comprender al hombre que la iniquidad termina por destruir incluso a quienes la adoptan como forma de vida. Sin embargo te daré lo más importante, te daré la vocación de consolar a los afligidos, a los perseguidos, a las víctimas de la iniquidad que tu corazón desea extirpar del mundo. No temas, no estarás sólo ya que hay más pequeñines como tú y les conocerás porque te llamaran hermano y tú les llamarás hermanos a tu vez. Y el niño despertó feliz y nunca más estuvo triste o sintió miedo alguno ya que desde aquel día el padre de todos los pequeñines estaba con él y también le dio hermanos. Lo más bonito de este cuento de Navidad es que aún está muy lejos de ver el final, ya que estas líneas son tan sólo el comienzo.

 

Feliz Navidad, Paz y Bien.  

jueves, 27 de diciembre de 2012

NO- NATO




Un homenaje a las víctimas inocentes del mayor holocausto de la historia humana, los niños que mueren cada año en todo el mundo, aquellos que la sociedad y gobiernos han confinado en las cámaras de gas de las conveniencias sociales y el lucrativo negocio del aborto




Yo quise nacer, y no pude.

Quise nacer en el vientre

De una madre que tuvo madre

Que le dio la oportunidad

De vivir.

Soy el llanto de un niño

Asesinado que ya no podrá

Llorar, esperando

El consuelo de un abrazo maternal.

Condenado a perpetuidad al frío

De la muerte,

Sin recibir más calor que el fuego

De la incineradora que quemó

El cuerpo del delito.

Mi pobre cuerpecito abrasado

Por las llamas de la incineradora

Social de la injusticia.

¡Culpable! Dijo la sociedad,

¡Culpable! Repitieron mis papás.

¿Culpable? ¿De qué?

No tuve palabras para defenderme,

Ni abogado, ni oportunidad.

Morí antes de nacer.

viernes, 21 de diciembre de 2012

CANTOS MALDITOS- Cantos VIII Y XVII


 

VIII.

 

¡Oh amante tenebrosa!

¿Quién te ofrendará carne inocente?

¿Quién te cantará en toda tu magnificencia?

Cantatas, coros fúnebres en réquiem

por los que murieron,

por los que van a morir

por los que morirán.

 

Voces de ultratumba, que entonan

en Do Sostenido El Ave Maldita,

mutilando con sus garras mutiladas

aquellas manos llenas de sueños

y manchadas de esperanzas.

 

Esqueletos, armazones de huesos podridos

bajo palios oscuros con cruces invertidas.

Más allá, donde acaba el laberinto de luz

y nacen las tinieblas,

allí donde el reloj siempre toca la última hora,

y el cadáver de un cuco se desliza elegante por su pasarela.

 

Basiliscos, Arpías; dentelladas que desgarran la vida.

Arañas negras que tejen sudarios y cortinas a juego.

Panteones en cómodos plazos

y plazas de garaje

para ataúdes unifamiliares.

 

Cortesanos del caos que hipotecan el alma

con las huellas digitales de la sangre inocente.

Núbiles doncellas recién destetadas

que ofrecen sus pechos al asesino lactante.

 

Manos atadas, mordazas de palabras encadenadas.

Miradas vacías sobre las cuencas de los ojos muertos,

donde teje su capullo el gusano de seda oscura

con dientes de hiena y fauces de lobo.

 

¡Oh desdichados!

No hay donde esconderse

tenéis una cita con la muerte

desde el primer llanto.












XVII.

 

Soy tal vez la metamorfosis

de mí mismo.

Forjado en las cavernas abismales

con el yunque

del desprecio y la negra pluma

del cuervo carroñero

que picotea las entrañas del alma

hasta devorar la esencia.

 

Aquel retrato que enmascara

las negras intenciones

condenando la apariencia

a una engañosa inmortalidad

en la que la juventud

es  únicamente una mueca insaciable.

 

¡Oh trovador oscuro!

Poeta maldito que escribe

versos de desesperanza.

¿Dónde quedó la luz?

¿Dónde el arcoíris que llevaba

el color de la esperanza?

 

Fuegos Fáusticos centellean

en las pupilas

jugando a ser destino incierto

en el interior de un laberinto

donde no queda

más certeza, que la certeza

de la muerte.

 

La noche se dibuja entre los pliegues

 de mil folios

plagados de ataúdes y cantos siniestros

con el aria del lobo y sus colmillos

infectados.
 

 

 

El páramo es un inmenso campo

de siembra en el que florece

la agonía.

Entre flores putrefactas

libo el aroma y el néctar del mal.

 

En aquel eterno campo

salpicado por lamentos

del espíritu errante

trazo los contornos

del rictus amargo.

 

Allí, donde nada crece

y el gusano devorador

teje sus capullos

de negra seda

que dan vida al buitre y el murciélago

y  visten de color la túnica y el aquelarre

hilo mortajas poéticas.

 

 

Ya no queda sitio o existe

lugar alguno,

todo está perdido  

entre un espesa niebla relativa

que da a luz niños muertos

y calaveras sonrientes

con monedas en los ojos

y billetes en sus bocas

en estado de descomposición.

 
 

En este instante una lluvia

acida se desliza

por los ojos fallecidos de la vida;

dos cristales que reflejan el horror

en un espejo

de absoluto silencio,

aquel en que la muerte maquilla

sus gestos

minutos antes de entregarse

a su trabajo.

 

Aquel en que la viuda llora

y es violada la núbil doncella

por legiones de anatemas.

 

En la morada del diablo tañe

la lira de llamas

para acunar el sueño de Azrael.